Por Carlos Werner
16 Agosto 2013
Hace algunos días, cuando la presentación del Mundial de Turismo en Las Termas, un espectador lanzó al aire una argentinísima frase al paso de los coches del WTCC. "¡Si no hacen ruido no son autos de carrera!" dijo entre las risas generalizadas. Es que el más bajo nivel de decibeles emitidos por los caños de escape -regidos por normas auropeas- con respecto a los del TN era notorio. Esa es la onda mundial del automovilismo y habrá que seguirla. La llegada de la Fórmula-e sigue esa línea. Abre un campo inconmensurable que puede dar el vuelco definitivo de la industria automotriz hacia la electricidad como fuente de energía en lugar de los combustibles fósibles. En el Primer Mundo mucho se avanzó, movidos por la conciencia y por las posibilidades económicas. En ese sentido, en Argentina, estamos a años luz. Lamentablemente.
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