04 Mayo 2014
AMENA CHARLA. El gobernador Alperovich, con mate en mano y de jogging, dialoga con el entrenador Héctor Rivoira.
BUENOS AIRES, (Especial para LG Deportiva, Andrés Burgo).- Entrar al estadio Gennasio Salice para ver Villa San Carlos-Atlético fue una misión tan difícil como infiltrarse en una disco VIP sin entradas. Por decisión del Aprevide (Agencia de Prevención de violencia en el deporte) como castigo a los incidentes que se habían registrado en el último encuentro del “villero”, el partido debía jugarse sin hinchas.
Fue por eso que el portón blanco de la cancha estaba semicerrado y una empleada con su credencial de Aprevide bien visible sobre el pecho se encargaba de decidir quién ingresaba y quién no. Uno de los afortunados, tal vez el único al margen de los jugadores, técnicos, dirigentes y periodistas, fue José Alperovich, que llegó como hincha de Atlético, pero ocupó un lugar como gobernador de Tucumán.
Lo que desde hace tiempo es un clásico de local -junto a su familia y allegado siempre va al Monumental-, también comenzó a ser costumbre de visitante: El gobernador acompañó al “decano” en los partidos contra Independiente, en Avellaneda; Instituto, en Córdoba; Brown, en Adrogué y, ayer, Villa San Carlos, en Berisso.
El detalle fino de su presencia en las cercanías de La Plata fue que el partido se jugó a puertas cerradas. Técnicamente, según le comentaron a LG Deportiva fuentes del Aprevide, sólo podían ingresar integrantes de la comisión directiva de cada club. Sin embargo, en la práctica hay diversas variables para que puedan ingresar invitados extras. De hecho, ayer Alperovich entró como ya lo había hecho en Avellaneda, Córdoba y Adrogué: como “allegado” a la dirigencia de Atlético, ya que su hijo Gabriel sí tiene un cargo. Que esta vez no se permitiera el ingreso del público local no interfirió su condición.
La presencia de un gobernador en un partido sin hinchas en la cancha (en realidad los había sobre los techos de las casas ubicadas detrás de los dos arcos) fue una de las tantas particularidades de un partido tan atípico que, además, uno de los equipos ya estaba descendido.
Otra rareza fue el horario de comienzo: a las 11 de la mañana. Entonces los jugadores, que en el día del partido suelen dormir hasta que el sueño desaparezca, se levantaron con el despertador a las 7 de la mañana y enseguida desayunaron sanguches de jamón y queso, cereales, frutas y café con leche.
Los utileros la tuvieron peor: se levantaron a las 6 de la mañana y a las 8.30 ya estaban en el pequeño estadio Gennasio Salice, ubicado entre calles de tierra, y en el que una empleada VIP determinaba quien entraba y quién no, como si fuera una disco, para ver un partido sin hinchas en las tribunas, pero con un gobernador.
Fue por eso que el portón blanco de la cancha estaba semicerrado y una empleada con su credencial de Aprevide bien visible sobre el pecho se encargaba de decidir quién ingresaba y quién no. Uno de los afortunados, tal vez el único al margen de los jugadores, técnicos, dirigentes y periodistas, fue José Alperovich, que llegó como hincha de Atlético, pero ocupó un lugar como gobernador de Tucumán.
Lo que desde hace tiempo es un clásico de local -junto a su familia y allegado siempre va al Monumental-, también comenzó a ser costumbre de visitante: El gobernador acompañó al “decano” en los partidos contra Independiente, en Avellaneda; Instituto, en Córdoba; Brown, en Adrogué y, ayer, Villa San Carlos, en Berisso.
El detalle fino de su presencia en las cercanías de La Plata fue que el partido se jugó a puertas cerradas. Técnicamente, según le comentaron a LG Deportiva fuentes del Aprevide, sólo podían ingresar integrantes de la comisión directiva de cada club. Sin embargo, en la práctica hay diversas variables para que puedan ingresar invitados extras. De hecho, ayer Alperovich entró como ya lo había hecho en Avellaneda, Córdoba y Adrogué: como “allegado” a la dirigencia de Atlético, ya que su hijo Gabriel sí tiene un cargo. Que esta vez no se permitiera el ingreso del público local no interfirió su condición.
La presencia de un gobernador en un partido sin hinchas en la cancha (en realidad los había sobre los techos de las casas ubicadas detrás de los dos arcos) fue una de las tantas particularidades de un partido tan atípico que, además, uno de los equipos ya estaba descendido.
Otra rareza fue el horario de comienzo: a las 11 de la mañana. Entonces los jugadores, que en el día del partido suelen dormir hasta que el sueño desaparezca, se levantaron con el despertador a las 7 de la mañana y enseguida desayunaron sanguches de jamón y queso, cereales, frutas y café con leche.
Los utileros la tuvieron peor: se levantaron a las 6 de la mañana y a las 8.30 ya estaban en el pequeño estadio Gennasio Salice, ubicado entre calles de tierra, y en el que una empleada VIP determinaba quien entraba y quién no, como si fuera una disco, para ver un partido sin hinchas en las tribunas, pero con un gobernador.
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