25 Junio 2014

Ramiro Hernández - Director Fundación Volver

Los juegos de apuesta y de azar son un fenómeno que va en aumento, tanto en nuestro país como en todo el mundo. Algunos juegos de reciente aparición, como las máquinas tragamonedas o los bingos, han disparado las cifras de personas adultas y jóvenes atrapadas en esta adicción.

Según el libro “El poder del juego” (Federico Poore-Ramón Indart, 2014), los juegos de azar han tenido un crecimiento exponencial en los últimos años. SÓlo a modo de ejemplo citamos que existen actualmente en el país 502 salas de juego (203 salas existían en el año 2003), y que en el año 2013 los argentinos apostamos 105.600 millones de pesos, un promedio de 2.560 pesos per capita por año. A su vez, las máquinas tragamonedas ascienden a 70.419 a lo largo de nuestro país; 1.100 de ellas y 39 salas de juegos se ubican en nuestra provincia.

Sin embargo, y pese a ser un trastorno reconocido por la Organización Mundial de la Salud (OMS), la ludopatía o juego patológico no es tomado en cuenta como una enfermedad por gran parte de la población.

Debe destacarse que no son ludópatas todas las personas que juegan. Hablamos de ludopatía cuando una persona es incapaz de controlar su juego y este afecta áreas significativas de su vida (salud, familia, trabajo, amistades, economía, etcétera). A medida que se implica en un juego sin control, esta persona dedica a esa actividad cada vez más tiempo y dinero. En estas circunstancias, poco a poco aumentan la pérdida de interés por otras actividades, el aislamiento social, depresión, endeudamiento económico y otros problemas.

Si bien no existen estadísticas nacionales, se calcula que el 3% de la población tiene problemas con su manera de jugar; en la Fundación Volver, ONG destinada a la rehabilitación de adicciones, un 20% de las consultas corresponden a jugadores compulsivos.

Por todo lo expuesto, resulta imprescindible que nuestra provincia cuente con un Programa de Prevención de la Ludopatía que fomente el juego de manera recreativa y ayude a la prevención, orientación y tratamiento de los jugadores compulsivos. Asimismo, implica también un compromiso de responsabilidad social de las empresas destinadas a la explotación de los juegos de azar, ya que se busca prevenir y reducir los efectos derivados de la participación desordenada en los diferentes entretenimientos.

Dicho programa debería incluir, entre otras acciones, una línea 0-800 para contención y derivación de personas con problemas de juego compulsivo, capacitación al personal de las empresas de juego, así como también un programa de autoexclusión, el cual consiste en un formulario que deberá ser firmado por la persona interesada, dando así su consentimiento para su autoexclusión de las salas de juego.

El Estado tiene la responsabilidad de proteger la salud integral de nuestros habitantes, y en este caso, el objetivo de todo programa de prevención de la ludopatía es que el juego sea una actividad saludable y que quienes lo necesiten tengan la posibilidad de ser asistidos cuando el hecho de jugar se convierte, para ellos y sus familias, en un problema.

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