Por Jorge Figueroa
04 Agosto 2014
“Hay una reinvención de la fotografía. Cuando existía la analógica era instantáneamente creíble, nadie ni nada la cuestionaba. Pero hoy, con lo digital, está en dudas, y hay nuevas posibilidades de uso que antes la fotografía no tenía ni se imaginaba”.
El teórico y ensayista Fred Ritchin respondía de este modo a LA GACETA hace un par de años, cuando visitó la provincia para dictar la conferencia “Después de la fotografía”. “Siempre mintió, pero con el software es mucho más fácil que antes”, confesaba el profesor de la New York University durante una entrevista.
El boom de la fotografía no es nuevo: desde hace una década que está agendada en el programa artístico (la inauguración esta noche del Festival de la Luz, que contempla distintas exposiciones, y en octubre la nueva edición de la bienal de Fotografía Documental, no son sino dos expresiones de esta realidad). Y en la actualidad, con la facilidad y despliegue que brinda la tecnología, cualquiera puede registrar imágenes en los celulares; literalmente, está al alcance de las manos. ”El fotógrafo construye la fotografía, pero ahora con los teléfonos móviles no se construye nada; es solo imagen. Cuando se utilizan los teléfonos se toman imágenes, pero sin sentido. Distinto es cuando trabaja el fotógrafo, porque con el encuadre relaciona todo. En las imágenes de los celulares no se construyen relaciones, por ejemplo; es muy limitado. En definitiva, las imágenes de celulares son importantes, pero diferentes al arte de la fotografía”, contestaba Ritchin a otro interrogante.
Desde hace tiempo que sabemos que no es documento de nada, y que plantea una interpretación, un punto de vista.
Véase por ejemplo, las obras de Alejandro Gómez Tolosa que se exhibirán desde el jueves. El artista da cuenta de su visión apocalíptica de la sociedad, lo expresa directamente en sus textos y no lo disimula; se resiste a ser integrado. Con el dominio de algunas técnicas, transforma y crea paisajes, edificios, de los que, sin dudas, se apropia. Crea una nueva realidad, cuando con su trabajo puede volvernos extraño lo que nos es familiar; ajeno, lo que nos es propio.
Edificios que están integrados al paisaje cotidiano resultarán irreconocibles para el espectador. Una vez más, Gómez Tolosa sorprende con el dominio de las técnicas de la manipulación de imágenes. Con la realidad que crea.
El teórico y ensayista Fred Ritchin respondía de este modo a LA GACETA hace un par de años, cuando visitó la provincia para dictar la conferencia “Después de la fotografía”. “Siempre mintió, pero con el software es mucho más fácil que antes”, confesaba el profesor de la New York University durante una entrevista.
El boom de la fotografía no es nuevo: desde hace una década que está agendada en el programa artístico (la inauguración esta noche del Festival de la Luz, que contempla distintas exposiciones, y en octubre la nueva edición de la bienal de Fotografía Documental, no son sino dos expresiones de esta realidad). Y en la actualidad, con la facilidad y despliegue que brinda la tecnología, cualquiera puede registrar imágenes en los celulares; literalmente, está al alcance de las manos. ”El fotógrafo construye la fotografía, pero ahora con los teléfonos móviles no se construye nada; es solo imagen. Cuando se utilizan los teléfonos se toman imágenes, pero sin sentido. Distinto es cuando trabaja el fotógrafo, porque con el encuadre relaciona todo. En las imágenes de los celulares no se construyen relaciones, por ejemplo; es muy limitado. En definitiva, las imágenes de celulares son importantes, pero diferentes al arte de la fotografía”, contestaba Ritchin a otro interrogante.
Desde hace tiempo que sabemos que no es documento de nada, y que plantea una interpretación, un punto de vista.
Véase por ejemplo, las obras de Alejandro Gómez Tolosa que se exhibirán desde el jueves. El artista da cuenta de su visión apocalíptica de la sociedad, lo expresa directamente en sus textos y no lo disimula; se resiste a ser integrado. Con el dominio de algunas técnicas, transforma y crea paisajes, edificios, de los que, sin dudas, se apropia. Crea una nueva realidad, cuando con su trabajo puede volvernos extraño lo que nos es familiar; ajeno, lo que nos es propio.
Edificios que están integrados al paisaje cotidiano resultarán irreconocibles para el espectador. Una vez más, Gómez Tolosa sorprende con el dominio de las técnicas de la manipulación de imágenes. Con la realidad que crea.
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