Por Carlos Werner
09 Agosto 2015
EL “1” SOY YO. “Panchito” y su papá “Lucho” en una simpática toma, jugando a definirse como el mejor del equipo. LA GACETA / FOTO DE DIEGO ARÁOZ
Dicen que en la Alsina al 1.700, días antes de una carrera del Campeonato Provincial de Karting en tierra, los propios vecinos cortan la calle para permitir que el crédito de la cuadra, Francisco Rodríguez, pueda probar su kart. “Muchos salen de sus casas a ver qué hago; normalmente acelero en forma recta, unos 200 metros, y en un horario que no moleste a nadie” contó el piloto de 17 años, que viene de ganar en la categoría Master 200cc en La Cocha y que domina el certamen.
Este estudiante del último año del secundario de la Escuela Belgrano se considera un estudiante regular, aunque vago para las tareas. “Me pongo a trabajar con cosas del taller y me olvido que tengo un examen. ¡Cuando llego al aula y la profesora pide que saquenos una hoja, es cuando me acuerdo!”
- ¿Con qué te distraés?
- Con el taller. Nunca salgo a bailar. Y cuando por ahí tengo una salida, vuelvo temprano porque quiero estar mil puntos para trabajar con mis motores, que son unos 10. Es la vida que me gusta hacer. Y los fines de semana de carrera me dejan destruido; el lunes, ir a la escuela es una batalla contra mí mismo. Claro, los domingos soy yo el que se lavanta a las 6 tratando que quienes van a ir a la competencia no se demoren, jaja.
- ¿Cómo se sentís en el karting “tierrero”?
- Bien, aunque un poco perdí el entusiasmo porque hasta el año pasado había dos o tres rivales con los que peleaba metro a metro; ahora quedaron chicos que son buenos pilotos, pero están en etapa de aprendizaje. Me tengo que cuidar de muchas maniobras para no perjudicarlos. Además, hay pocos karts. Yo sabía que este año iba a ser difícil porque liberaron el reglamento. Y también en esta situación influye la situación económica.
“Panchito” tiene en su papá, Luis, a su gran inspiración en la vida y las cuestiones mecánicas. Su hermana, María José, también corrió hace tiempo, en 110cc Estándar. Y la mamá, Yanina, le hace aguante de tiempo completo. Como también lo hace el resto de la familia.
- ¿Tenés planes para otra categoría?
- Sí, estuvimos hablando con Juan Peletti para ver si puedo probar un Fiat 128 de la categoría TP 1.400 de Salta. Tampoco no descarto desembarcar en el rally, quizás en la N-1.
- ¿Estás convencido del cambio?
- Yo me crié arriba de un auto. Y sueño con ellos. El rally me encanta, pero la pista también. Si no lo hice antes fue por una cuestión de edad. Ahora que puedo, tengo que trabajar para armar un presupuesto y darle para adelante.
- ¿Cómo pensás hacerlo?
- Lo más caro es armar el auto y en eso hay que concentrarse. Para ayudarme, cuento al menos con un título de campeón. Ya no es igual a cuando comencé a competir; en ese tiempo no me conocía nadie, era complicado llegar a concretar algo con un auspiciante.
- ¿Al kart lo disfrutás de tiempo completo o a veces lo sufrís?
- Lo disfruto en todo momento. Una virtud que tengo yo es el estado físico. Puedo dar 10 vueltas y no me canso; en otros casos, eso no ocurre. En las carreras, de la mitad hasta el final tengo mucho aguante, aunque se siente el desgaste en los brazos por correr en la tierra. Para no sufrir tanto, trabajo con una malcuerna todos los días. También busco mejorar el estado físico, aunque es algo difícil de lograr porque en casa somos de comer más que bien. ¡Y sobre todo mucho! Pero bueno, sé que tengo que mejorar ese aspecto para poder seguir adelante en el automovilismo. Ese será uno de mis sacrificios a futuro para poder seguir ligado a este deporte que tanto me apasiona.
Este estudiante del último año del secundario de la Escuela Belgrano se considera un estudiante regular, aunque vago para las tareas. “Me pongo a trabajar con cosas del taller y me olvido que tengo un examen. ¡Cuando llego al aula y la profesora pide que saquenos una hoja, es cuando me acuerdo!”
- ¿Con qué te distraés?
- Con el taller. Nunca salgo a bailar. Y cuando por ahí tengo una salida, vuelvo temprano porque quiero estar mil puntos para trabajar con mis motores, que son unos 10. Es la vida que me gusta hacer. Y los fines de semana de carrera me dejan destruido; el lunes, ir a la escuela es una batalla contra mí mismo. Claro, los domingos soy yo el que se lavanta a las 6 tratando que quienes van a ir a la competencia no se demoren, jaja.
- ¿Cómo se sentís en el karting “tierrero”?
- Bien, aunque un poco perdí el entusiasmo porque hasta el año pasado había dos o tres rivales con los que peleaba metro a metro; ahora quedaron chicos que son buenos pilotos, pero están en etapa de aprendizaje. Me tengo que cuidar de muchas maniobras para no perjudicarlos. Además, hay pocos karts. Yo sabía que este año iba a ser difícil porque liberaron el reglamento. Y también en esta situación influye la situación económica.
“Panchito” tiene en su papá, Luis, a su gran inspiración en la vida y las cuestiones mecánicas. Su hermana, María José, también corrió hace tiempo, en 110cc Estándar. Y la mamá, Yanina, le hace aguante de tiempo completo. Como también lo hace el resto de la familia.
- ¿Tenés planes para otra categoría?
- Sí, estuvimos hablando con Juan Peletti para ver si puedo probar un Fiat 128 de la categoría TP 1.400 de Salta. Tampoco no descarto desembarcar en el rally, quizás en la N-1.
- ¿Estás convencido del cambio?
- Yo me crié arriba de un auto. Y sueño con ellos. El rally me encanta, pero la pista también. Si no lo hice antes fue por una cuestión de edad. Ahora que puedo, tengo que trabajar para armar un presupuesto y darle para adelante.
- ¿Cómo pensás hacerlo?
- Lo más caro es armar el auto y en eso hay que concentrarse. Para ayudarme, cuento al menos con un título de campeón. Ya no es igual a cuando comencé a competir; en ese tiempo no me conocía nadie, era complicado llegar a concretar algo con un auspiciante.
- ¿Al kart lo disfrutás de tiempo completo o a veces lo sufrís?
- Lo disfruto en todo momento. Una virtud que tengo yo es el estado físico. Puedo dar 10 vueltas y no me canso; en otros casos, eso no ocurre. En las carreras, de la mitad hasta el final tengo mucho aguante, aunque se siente el desgaste en los brazos por correr en la tierra. Para no sufrir tanto, trabajo con una malcuerna todos los días. También busco mejorar el estado físico, aunque es algo difícil de lograr porque en casa somos de comer más que bien. ¡Y sobre todo mucho! Pero bueno, sé que tengo que mejorar ese aspecto para poder seguir adelante en el automovilismo. Ese será uno de mis sacrificios a futuro para poder seguir ligado a este deporte que tanto me apasiona.






















