Las impresiones de una tucumana en Niza: "Gritos, corridas, llanto, caos, y el tiempo que no pasaba"

El atentado, vivido y contado por Silvia Fernández, que estaba con su marido en el lugar donde un hombre embistió a una multitud con un camión, durante la celebración patria de Francia.

REUTERS REUTERS
17 Julio 2016

Mirando el diario del domingo, vimos unos pasajes baratos a Niza, Francia. Planeamos entonces unos días de vacaciones. Así, sin pensarlo mucho, solo en un poco de sol y arena. 

Llegamos el día antes de la celebración del Día de la Bastilla. ¡Qué hermoso clima de festejos se vivía! Caminamos por la ciudad antigua disfrutando al igual que los otros turistas (franceses e internacionales) de las banderas, arreglos, flores para conmemorar la independencia del país.

El Día de la Bastilla fue ideal para divertirse y fue una previa de lo que sería la noche: familias, chicos en el agua, en la rambla había patinetas y patines que son de uso exclusivo de adolescentes, bicicletas para el resto, gente corriendo y más familias disfrutado del día de sol en la maravillosa bahía de la Costa Azul. Todos, pero todos, tomando helados para apaciguar el calor.

Después de la obligada siesta tucumana para poder sobrevivir la noche, nos fuimos a la promenade para presenciar los fuegos artificiales. La bahía seguía llena con la misma gente de la tarde y más con grupos nuevos de familias: abuelos, papás, adolescentes, niños, bebés, el grupo de amigos, adolescentes encontrando más adolescentes, turistas intentando parecer locales y disfrutar más de la experiencia. Había más presencia policial que durante la mañana. Buena señal. Estamos bien, pensé.

El espectáculo empezó puntual: 10 de la noche y con la expectativa de todos, un grupo unido con el objetivo de pasar una noche emocionante que también prometía ser súper divertida con todas las actividades planeadas por la municipalidad. Los fuegos artificiales fueron espectaculares! Al final de 20 minutos, todos aplaudimos, hubo gritos de "Vive la France" y uno que otro entonó el himno. Se vivía el sentimiento "fiestero".

Empezamos a caminar a la ciudad antigua. Éramos miles, miles y miles con la misma idea. La caminata se hizo lenta pero en 10 minutos estábamos en un café.

De repente hubo gritos, corridas, llanto, caos ¡Nunca vi una estampida así! Imágenes que nos quedarán para el resto de nuestras vidas: caras con pánico, ojos con lágrimas que no te dejan ver. Resguardados detrás de la puerta, esperamos. Nadie sabía que pasaba.

En las corridas había mesas caídas, vasos rotos, latas volando. Rumores y más rumores: tiroteo, muertos y el tiempo que no pasaba. Más gritos, más desesperación de madres con niños y bebés, adolescentes perdidos, gente confundida. Gente en el teléfono gritando y llorando. La policía pedía que se alejen de la playa donde algo había pasado pero nosotros teníamos que volver a la costa donde nos estaba nuestro alojamiento. Esperamos. Cuando decidimos volver, la estampida empezó de nuevo. Más caos, más pánico. Ambulancias. Policías. Helicópteros. La desesperación de la gente de no saber que hacer, solo correr y salvarse de algo. Llegamos y pudimos por fin entender un poco. El resto ya lo sabes, lo viste en la TV, lo leíste en los titulares.

Un día de celebración se transformó, por la locura de una persona. ¿Qué pasa en la mente cuando manejas y atropellas a niños, escuchas gente gritando, sientes los cuerpos debajo de las ruedas? No lo sé. Lo único que sé es que fueron 84 personas y entre ellas hubo 10 niños; hay alrededor de 50 niños más en el hospital y decenas de otros pequeños perdidos todavía. Hay muchísimas personas que están buscando a sus abuelos, padres, hermanos, amigos porque la última noticia que tuvieron fue un autorretrato con una sonrisa y los fuegos artificiales enviada por Whatsapp.

El día después salió el sol. Los franceses decidieron salir a vencer el miedo y celebrar la vida. Nosotros también.

Vive la France! Vive la vie!

Publicidad
Temas Francia
Tamaño texto
Comentarios
Comentarios