RESPUESTA POLÍTICA. Es muy poco probable que Jaldo no apoye la iniciativa de eliminación de las PASO ante la necesidad de recursos.
El desconcierto que supo generar el triunfo de Javier Milei hace tres años se consolidó en 2025 cuando volvió a imponerse en las urnas, en un marco de adversidad que incluso con los números de las PASO en mano hacían presuponer que lo de La Libertad Avanza era un fenómeno pasajero. Eso no sucedió y un gélido escozor recorrió la espina dorsal de las estructuras políticas convencionales. Siguen sin comprender hasta qué punto la administración nacional es pasajera, se desmorona, colmó la paciencia de la sociedad o volverá a salir airosa -pese a mil desavenencias- el año próximo.
Por ello, las reuniones semipúblicas y las privadas que se realizan en algunos hoteles y bares emblemáticos para el “círculo rojo”, cobran relevancia en tiempos de falta de claridad. En Tucumán se observa con nitidez esa desorientación. El gobernador Osvaldo Jaldo evita confrontar con la Nación y con el frente interno comarcano. Mantiene un equilibrio que lo habilita para gambetear la falta de recursos con talento maradoniano: amaga con darle un disgusto a Milei en el Congreso, pero engancha para la derecha y deja en babia a los que se ilusionaban con un gobernador peronista más confrontativo. Los que conocen al mandatario creen que es muy poco probable que no apoye la iniciativa de eliminación de las PASO ante la necesidad de recursos para mantener la paz social por estos lares. Y en el peronismo “molesto” con Jaldo entienden que sus palabras pidiendo unas Primarias “distintas” en cuanto al financiamiento serán el sustento para que el bloque Independencia avale la propuesta de la Casa Rosada.
En el frente interno, el mandatario disimula el desagrado que le provocan algunos dirigentes de fuste con sus posturas y con su juego de “el distraído” para no bancar declaraciones y medidas que toma la Casa de Gobierno. Por lo pronto, el tridente Jaldo-Acevedo-Chahla mantiene una fría cordialidad que se basa más en conveniencias mutuas que en convicciones conjuntas. En el PJ, con el “ismo” que sea, sacan cuentas y en el poroteo resulta arriesgado, cuando no perdidoso, habilitar divisiones de cara a los comicios del año próximo.
Contra la “casta”
En la oposición transitan por caminos similares en cuanto a la incertidumbre, salvo la fracción que responde a LLA. Los libertarios confían ciegamente en que la administración de Milei les dará el triunfo de la mano de Lisandro Catalán. El presidente del partido reitera que no habrá alianzas “porque sí” y que el norte del partido es repetir en Tucumán lo que hizo el Presidente a nivel nacional, con críticas al perfil “obsoleto” del Estado y al despilfarro de la “casta” como ejes.
Catalán no cesa en su afán de hacer foco en la estructura de las comunas como gasto innecesario y en la mala administración de la cosa pública como causante de la “decadencia de Tucumán”.
“Gobernador, es momento de hacerse cargo del desastre que generaron”, lanzó la semana pasada luego de que Jaldo cuestionara la falta de envío de recursos del Gobierno nacional a la provincia.
Asimismo, advirtió que el 96% del presupuesto provincial se destina al pago de sueldos, lo que -según indicó- impide cualquier tipo de inversión real o desarrollo. A esto sumó otro dato urticante para la administración local: dijo que Tucumán es la segunda provincia con mayor presión fiscal del país, lo que implica que “mientras el Estado gasta mal, los tucumanos pagan más impuestos que la mayoría de los argentinos”. Ese discurso irrita a Jaldo y, a la vez, envalentona a los libertarios, que continúan convencidos de que el camino de cara a 2027 es apostar a esa dialéctica y al éxito de Milei. Es probable que la saga de alianzas con otros partidos haya culminado con CREO, al menos por cómo está el escenario hasta ahora. Sí persisten incógnitas para el partido del Presidente. Dos de ellas: qué puede pasar en el interior de Tucumán, donde el peronismo es potente y la figura de Catalán aún no gravita, y cuánto afectará la debacle económica de las familias promedio en las urnas.
¿Y el resto?
Fuerza Republicana quedó absolutamente descartada como posible aliada libertaria y es probable que el partido que dirige Ricardo Bussi navegue en soledad o sume su flotilla a algún otro grupo opositor, en ambos casos con una finalidad principal: hacer daño a los que -según entiende- le dieron la espalda luego de que los ayudara a triunfar en aquel 2023.
En cuanto al radicalismo, el partido perdió el timón hace tiempo y su rumbo es errático, difuso e impredecible. La intervención persiste en la UCR y ya ni siquiera se habla de “normalización”. Parece que disputar la presidencia partidaria ya no es de interés o quizás la mayoría está concentrada en mantener -u obtener- algunas migajas de poder.
Mientras los radicales más veteranos intentan hacer resurgir la marca, los más “jóvenes” se acomodan en otros espacios. El Cambia Tucumán que lidera Mariano Campero reunió en una mesa a algunos “llaneros solitarios” como José Seleme y Agustín Romano Norri, y probablemente se sumarán otros dirigentes de agrupaciones diversas.
En medio de tremendo berenjenal y desconcierto, están los que apuestan a todo o nada y los que prefieren esperar a ver qué pasa antes de jugar sus fichas.
























