20 Agosto 2016

Sin semáforos en Camino del Perú

Quiero expresar mi malestar por la vergonzosa inacción de las autoridades municipales, tanto de Yerba Buena como de la capital, cuyos intendentes no se hacen eco de la lamentable situación de riesgo que corren los transeúntes a diario por la esquina de calle Italia y Camino del Perú, la cual se encuentra sin semáforos en funcionamiento, desde hace por lo menos ocho meses. Todos los días un grupo de varitas de la comuna de San José debe parar el tráfico a la altura del corralón, que esta distante a una cuadra del lugar mencionado, para permitir a los chicos y gente de todas las edades que puedan cruzar de un lado al otro del Camino del Perú, a raíz del intenso tráfico que circula a diario por esa zona de la ciudad. Los varitas dijeron que el Gobierno de la provincia tiene que normalizar los semáforos, porque se trata de una ruta provincial, y como está en medio de los dos municipios, ninguno de ellos los puede arreglar. Conclusión: en época de elecciones los políticos invaden todos los barrios, para prometer el oro y el moro, pero ahora ni Campero ni Alfaro pueden ordenar que los semáforos sean reparados en salvaguarda de la vida y la salud de la población que soporta esta odisea cada día. Señores gobernantes: hagan uso del poder conferido por el pueblo y brinden soluciones rápidas para lograr el bienestar de toda la población. ¡Salven vidas cada día! El pueblo se los agradecerá.

Pablo E. Castillo

castillocpn10@hotmail.com


Sin teléfono

Mi saber ya no me permite determinar qué otra medida puedo tomar para que Telecom escuche mi reclamo. Tengo 92 años y desde el 3 de agosto estoy sin teléfono (0381-4224436) ni internet. Se llamó al 114; el día 8 presenté la queja ante la Comisión Nacional de Comunicaciones; el 17 presenté nota de queja en Telecom y hasta hoy llevo 17 días sin el servicio. Exijo a Telecom la conexión de inmediato y que proceda a efectuar el descuento proporcional en la factura de teléfono e internet por los días sin servicio.

Edelma N. Cripriano de Buscaglia

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José Colombres 66

San Miguel de Tucumán


El bienhechor

El destino posibilitó que un descendiente de sefardíes, Alejandro María Aguado, fuera el hombre que protegió y llenó de afecto al General San Martín en sus últimos años. Por las numerosas pruebas de amistad y afecto que lo hizo objeto, el prócer se refería a él como “El Bienhechor”. En 1832, José de San Martín enfermo y sin recursos fue auxiliado por Aguado. Bartolomé Mitre, lo testimonia escribiendo: “su destino, según sus propias palabras, era ir a morir a un hospital, un amigo compañero de armas suyo en la guerra de la Península, un español, el opulento banquero Aguado, vino en su auxilio y le salvó la vida, sacándolo de la miseria. Le hizo adquirir la pequeña residencia de campo de Grand Bourg, a orillas del río Sena”. La casa de Grand Bourg lindaba con el castillo de Petit Bourg, donde el banquero Aguado tenía su residencia de verano. Su palacio de París y el Petit Bourg se convirtieron en centros de reuniones de artistas liricos y del ballet; compositores como Rossini y escritores como Nerval y Balzac lo visitaban. “Después de dar cuenta lentamente del faisán y los dulces helados, Aguado los invitó a fumar y a tomar unas copas en la zona de los sillones. Balzac había escuchado los añejos episodios de la revolución y aquel raro hilván que unía Arjonilla con San Lorenzo. Muchas veces había interrumpido el relato del general San Martín en busca de una precisión o para entender mejor un suceso. El general no era afecto a esa clase de monólogos, pero su amigo quería a toda costa que el gran novelista escuchara aquella historia y conducía la conversación sin permitirle atajos ni digresiones. El propio Aguado estaba fascinado con la epopeya, pretendía escucharla una y otra vez como hace un niño con un relato de aventuras, y quizá buscaba secretamente que Balzac se entusiasmara con ella y la llevara luego al papel”. Así narra Jorge Fernández Diaz en su libro “La Logia de Cádiz” el encuentro de San Martín, Aguado y Honorato de Balzac. Aguado nombró a su amigo San Martín albacea testamentario y tutor de sus hijos, haciéndolo además heredero de todas sus alhajas y condecoraciones personales. El Libertador se encargó de la compleja misión de ejecutar el testamento y repartir la inmensa fortuna, que se estimaba en más de 60 millones de francos, vendiendo las minas y posesiones y la colección de obras de arte que eran admiración de toda Europa. En septiembre de 1842 José de San Martín le escribió al general Guillermo Miller: “mi suerte se halla mejorada, y esta mejora es debida al amigo que acabo de perder, el señor Aguado, el que, aun después de su muerte, ha querido demostrarme los sentimientos de la sincera amistad que me profesaba, poniéndome a cubierto de la indigencia”. En la plaza República de Chile, en un semicírculo justo enfrente de la réplica de la casa de Gran Bourg, donde funciona el Instituto Sanmartiniano, en la ciudad de Buenos Aires, se halla una estatua de Alejandro Aguado. Una calle lateral de este instituto lleva el nombre del que fue amigo del Libertador, como símbolo de esta histórica amistad.

Miguel Ángel Ruiz

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Citadino_tucu@hotmail.com

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