Evocar a Leonardo Iramain es hacerlo desde un lugar de amistoso recuerdo. Su caballerosidad, su don de gente, su talento y creatividad en un todo que lo perfila generosamente. No se aguarda a la muerte pero un día llega sorprendiéndonos. Desde su fría carcajada se fue llevando en andas a un artista destacado, a un amigo de muchos años, a un hombre gentil y bizarro. Él fue quien me presentó como poeta en el año 1991 con mi libro “Calles de Cenizas”, junto a Nicasia Baunaly y mis “Vibraciones del alba” en el anfiteatro del Centro Cultural Virla, colmado por su descollante presencia, querible figura del arte y la poesía. En el museo que alberga la obra de su famoso padre, el escultor Juan Carlos Iramain, fecuentemente abrió sus puertas para cobijarnos en sendas presentaciones de libros, como grupo literario y en emotivos recitales poéticos, y tuve el honor, como todos los que se acercaron a él, de ser siempre bienvenida en ese cálido espacio. Hoy en el sosiego de la eternidad lo despido desde el dolor de su inesperada partida. Hasta siempre, querido Leonardo, poeta, amigo.
Nelly Elías de Benavente
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