En mis años jóvenes, junto a mis tres hermanos formamos un conjunto folclórico y llegamos a cantar en el famoso programa radial “El fogoncito criollo de Don Abraham Cancha” . Con la Dirección Técnica de nuestra madre, fuimos incursionando distintos géneros musicales, es decir afinamos el oído y el aprecio a la música en todos sus estilos, de la zamba y chacarera, pasamos al tango, el pasodoble, los románticos, las cumbias, los clásicos. Los años trajeron distintos ritmos y estilos como el reguetón, la bachata, el rock, el tik-tok, el cuarteto, el hip-hop y la electrónica. Hasta acá todo bien, ¡Viva la música! Pero llega el fin de semana y en mi Barrio 20 de Junio, desde el viernes hasta el domingo a la madrugada empiezan las celebraciones y es rito sagrada poner la música a todo volumen en poderosos equipos de sonido. Tiemblan los oídos; cuando se quiere dormir, un cascotazo en el techo es la señal para bajar el volumen. Esta realidad impuesta genera problemas entre vecinos, aunque ya es algo arraigado en nuestra sociedad. Es decir, la música en este caso se convierte en ruido molesto y lamentablemente , no podemos decir que viva la música.
Francisco Amable Diaz
franciscoamablediaz@gmail.com

















