Cartas de lectores: cuidar el corazón

13 Noviembre 2021

Las enfermedades cardiovasculares son las principales causas de incapacidad y muerte en el mundo, y son numerosas las investigaciones y publicaciones sobre su fisiopatología y tratamiento, así como también la búsqueda de medidas y estrategias de prevención. Desde el punto de vista médico se define a la fisiopatología como la ciencia que estudia los mecanismos patogénicos de las alteraciones funcionales que impiden el adecuado desenvolvimiento del los sistemas y órganos del cuerpo humano. Pues bien, ese análisis se realiza en la mente del médico durante el desarrollo de cualquier patología que enfrente, sea infecciosa, tumoral, genética o adquirida tal el caso multifactorial de la enfermedad cardiovascular. Desde nuestros comienzos aprendimos a razonar al lado de la cama del enfermo, de la mano de algún generoso maestro, en nuestra residencia, o bien, leyendo y estudiando mucho, pero siempre, y casi sin querer, fuimos forjando nuestros conceptos y también aquello que se dio en llamar el “ojo clínico”: ese juicio subconsciente e instantáneo para el cual la experiencia moviliza todos sus recursos mientras uno conversa y examina al paciente. “El sentido clínico radica en el dominio de la jerarquía de los síntomas, que se adquiere no tanto de los libros sino de observar enfermos”, dice Eduardo Benzecry. Sigo creyendo, como aprendí de mis mayores y aunque suene de otra época, que resulta fundamental a la hora de formar un juicio crítico el hecho de realizar una buena anamnesis (léase interrogatorio) con real interés y a posteriori un examen clínico orientativo y que nos lleve a solicitar el examen complementario adecuado y necesario para acercarnos a un diagnóstico certero. En cardiología, y ya específicamente hablando de la enfermedad coronaria ocurre que, fisiopatológicamente, confluyen en su génesis múltiples factores que inciden en su desarrollo. Entre ellos dos que son inmodificables: la edad y la genética. Pero existen otros sobre los que sí podremos actuar para evitar o retrasar la aparición de la enfermedad cardiovascular a saber: la hipertensión arterial, la diabetes, la hipercolesterolemia, el tabaquismo, el sedentarismo, la obesidad, el stress y la postmenopausia ya que se sabe hoy que la mujer incrementa su índice de enfermedad al desaparecer la defensa que les proporcionaba los estrógenos. El corazón no puede esperar, por lo tanto, pensemos que la idea sea de poder actuar hoy. Es tiempo de prevención y promoción dirigido a la población en riesgo: con divulgación acerca del estilo de vida sano y de una dieta cardiosaludable, por un lado, y de retomar los chequeos médicos regulares necesarios postergados por la pandemia, por el otro. Es perentorio realizar una acción coordinada entre lo público y lo privado incluyendo a la salud cardiovascular dentro de las prioridades del cuidado poblacional. La pandemia representó un escollo para efectuarse controles cardiológicos e hizo que pasemos mucho tiempo en casa, que disminuyamos la actividad física, que se fume más y que la población se alimente comiendo más azúcares y calorías. Hace más de 20 años ese gran argentino que fue René Favaloro decía: “La prevención debería ser el aspecto más trascendente de nuestra especialidad. Estoy seguro de que, en el futuro, se harán menos angioplastias y menos cirugías de revascularización (Bypass). La prevención, junto con los adelantos permitirán disminuir la incidencia de las enfermedades cardiovasculares”.

Juan L. Marcotullio


marcotulliojuan@gmail.com

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios