16 Noviembre 2021

La crisis económica que enfrentó el presidente Carlos Pellegrini requería de inteligencia y firmeza en las decisiones, pero además de abundante respaldo financiero. Por ese motivo solicitó que lo auxiliaran en su objetivo de crear el hoy ya centenario Banco de la Nación Argentina. Aquella vez, el “Gringo” Pellegrini escribió una carta a los integrantes de la Bolsa de Comercio donde volcó una frase que se pondría de moda en aquel tiempo: “Dadme la liebre y yo me encargo del guiso”. Cuenta Daniel Balmaceda que el periodista de La Prensa, Rafael Manzanares, se presentó en la casa del mandatario para solicitarle una copia de la carta. El “Gringo”, hombre de un metro noventa de estatura, lo recibió con mucha amabilidad y le explicó que se la había dado al diario La Nación, pero le dio una tarjeta para que la entregase a Bartolito y le pidiera una copia. Bartolito no era otro que Bartolomé Mitre y Vedia, el hijo del general, fundador de La Nación. A la tarde-noche el periodista concurrió a la redacción de ese diario presentando la esquela firmada por el presidente, pero Bartolito le negó la copia. “Ustedes no tienen la carta y yo sí, sólo La Nación la publicará, y eso es lo que va a suceder”, le dijo. Y remató: “Por muy presidente que sea Pellegrini, no manda aquí en el diario”. Ya cerca de la medianoche a Manzanares sólo le quedaba un último recurso: ir a golpear la puerta de la casa de Pellegrini. La entrada del hogar del presidente estaba custodiada por un sargento del ejército y no le permitió el ingreso. Manzanares le rogaba, pero sin lograr conmoverlo. La discusión subió de tono cuando se escuchó una queja, también en voz alta: “¿Pero me van a dejar dormir o no? ¿Qué pasa?”. El sargento y el periodista habían interrumpido el sueño del presidente. Manzanares respondió: “Es que Bartolito no le hace caso a usted, señor presidente. No quiere entregarme la copia. ¡Dice que en La Nación él es más presidente que usted!”. Estas palabras conmovieron al mandatario. De inmediato invitó a pasar al periodista. Fue entonces cuando Rafael Manzanares se sorprendió al toparse con otro Pellegrini. El elegante presidente, fundador del Jockey Club, portador de unas galeras costosísimas, refinado y pulcro por donde se lo mire, apareció con un inmenso camisón blanco hasta las rodillas, piernas de tero a la vista y pantuflas. En su mano llevaba un platito con candelabro y la vela de su mesa de luz. “Vamos a embromar a Bartolito”, dijo. Arrastrando sus pantuflas llegó hasta el escritorio y tomó de un cajón la carta original, la que él mismo había escrito a mano antes de que fuera copiada por un amanuense. Se la entregó a Manzanares y lo despidió diciéndole: “Ahora váyase pronto. A usted la carta le ha costado una rabieta. Pero a mí me costará un resfrío”. La Nación publicó el texto de la histórica carta que daría origen al Banco de la Nación Argentina. La Prensa publicó el texto y el manuscrito. El codiciado original quedó en poder de Manzanares, como recuerdo.

Luis Salvador Gallucci


lsgallucci@hotmail.com

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