Cartas de lectores I: amable crítica

20 Diciembre 2021

El taller literario “Animarse a gritar” (devenido ahora en grupo literario) fue una creación de la escritora Mercedes Chenaut. Durante 27 años -y con renovados participantes- se convirtió en un valioso experimento que convocó a creadores y a quienes encontraron en ese ámbito un oasis de libertad, solidaridad y empeño entusiasta por la literatura. Ya la denominación del taller anticipaba una impronta luminosa, emparentada cercanamente con la libertad. La de creación, la de interpretación, la de valoración. Quiero, especialmente, subrayar el esquema que desarrollaba el taller que incluía un novedoso momento del programar¡: el de la “amable crítica”. Los participantes escribían un texto sobre determinado asunto que le era sugerido al conjunto. Inmediatamente -a su turno- cada quien leía lo suyo. Y los demás, y Mercedes misma, expresaban sus apreciaciones sobre el trabajo. Así fuera con observaciones de cualquier porte que se hacían acto seguido frente a todos los participantes del taller o afirmando un logro en todo o en parte del texto. Prevalecía lo de la “amable crítica”. Porque era la crítica que guiaba, sugería y proveía niveles de confianza. Porque, se sabe, la crítica, así fuera con buen soporte intelectual y de contenido, no es “amable” siempre. Esa singularidad aportada por Mercedes Chenaut, desde su condición de licenciada y profesora en letras, distinguía sobremanera su conducción del taller. Y señalo otra particularidad que emanaba de un modo de ser y de actuar con natural solidaridad: no aceptaba, y lo expresaba de un modo firme y convincente, que algún participante del taller utilizara excusas sobre los eventuales aspectos cuestionables de sus escritos en una especia de auto minusvalía. Infundir alientos era lo suyo, aliento orientador, sostén de quienes más lo necesitaban y lo requerían. No aceptaba, y lo decía con maternal modo, que alguien se minimizara o se auto descalificara. Con maternal modo. Sí, pero con la autoridad del que guía. Con el mejor espíritu docente, cercanísima siempre de quienes la necesitaban. He querido señalar esas dos características de Mercedes Chenaut que, para todos quienes la conocimos de cerca, no dejan de ser las monedas de oro de una personalidad atrapante. En todo momento y pese a todo, dispuesta a los demás. Solidaria sin medida ni tiempos, con su mejor sonrisa, ese pasaporte no necesitado de visas para su validación. Su literatura cautiva mientras desborda vivencias con un preciso estilo. Convocante por su forma y densos contenidos, donde el carozo de todo está a la vista. Autorreferencial en textos que asumen, sin embargo, universalidad y una densidad humana que conmueven. Hoy, a un año de su inmersión en el insondable estado sin tiempo de la eternidad, la recordamos con emocionado sentir. Nos sigue haciendo falta, como siempre.

Carlos Duguech


carlosduguech@yahoo.com.ar


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