Fue una noticia demasiado triste. Intentando seguir la transmisión en vivo desde Marruecos sobre los intentos de rescate del niño Rayan Awram leo la noticia: el niño fue finalmente rescatado muerto. Después de hacer caído a un pozo de 30 metros el martes último. Conmociona ver tanta gente rezando todo el tiempo mientras rescatistas se ufanaban por hacer su delicado rescate. Máquinas y hombres trabajando día y noche para un logro que se concretó tarde. El niño había muerto antes. La guerra, la de las bombas incendiarias, explosivas, de racimo y “sucias” (contaminadas nuclearmente) y las metrallas de todos los calibres, sin embargo, en muchos lugares del planeta cumplen su objetivo: matar seres humanos, niños incluidos, destruir casas, escuelas, hospitales, fábricas. El espíritu solidario al máximo que se pudo observar en el intento de rescate de Rayan debería replicarse en todo el orbe con un límpido y contundente mensaje: ¡No a la guerra!, Rayan, símbolo de la solidaridad humana y mártir niño para el mensaje ineludible: ¡No a la guerra!
Carlos Duguech
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