Los giros del juguete hacen que las figuras de colores carezcan de una definición concreta. Dentro del cilindro se descompone la luz y nos seduce, encandila y confunde, al punto que nos cuesta adivinar ¿qué es lo que estamos viendo? Así nos sentimos muchos de los que participamos en el sistema educativo de los últimos 40 años, si lo miramos a través de un prisma de colores. Como en una máquina de H. G. Wells, el caleidoscopio nos pemitiría repasar la historia recorriendo nuevamente el camino. Nos encontrariamos a lo largo de los años con una paleta de colores y figuras que incluirían el Congreso Pedagógico en el albor alfonsinista; la eliminación de los exámenes de ingreso a la secundaria y la universidad; la elección democrática de los abanderados; el cambio en las calificaciones y la enseñanza por objetivos; la desaparición de los uniformes en los colegios públicos. Los años 90 nos mostrarían la transferencia de los servicios educativos de Nación a las provincias o la implementación del sistema polimodal (vendido como un éxito en la “Madre Patria”). Luego gira el caleidoscopio y se dibuja la no repitencia en primer grado y la conformación de un bloque con segundo y tercero; la anulación del conductismo y la nueva idolatría por el constructivismo y la psicogénesis; la pérdida de autoridad en los docentes; la estigmatización que podrían provocar las malas notas y el menoscabo que sufrieron las escuelas técnicas o industriales. Pestañeamos y después veríamos un poco de verde pasar al marrón y después al rojo, y en estos cambios podríamos seguir el vuelo de una mariposa en el amor que los docentes han puesto en sus tareas, siendo maestros, psicólogos, médicos, nutricionistas, asistentes sociales, todo dentro de las posibilidades que su formación y tiempo de trabajo les permitían. También en un giro veríamos huelgas justificadas y otras no tanto; incomprensión de la clase política y desinterés social en la temática por parte de algunos medios de comunicación. Cambiamos de ojo y dentro del cilindro se estira el régimen de inasistencias de los alumnos; desaparecen las sanciones y se crean: códigos de convivencia, la primaria de nueve años, la nueva secundaria de tres y la ley federal de educación. En un diseño multiforme asoman las pruebas Pisa y la tragedia educativa descripta por Jaim Etcheverry; la posibilidad de ingresar a la universidad a través de un examen de idoneidad, aun sin tener el título secundario; los planes “fines” que decretaron la muerte de las escuelas de adultos; las vueltas olímpicas, el “UPD” o último primer día; la mirada de los especialistas buscando modelos en Suecia, Finlandia, Canadá o Sumatra, lo mismo da. ¿No será tiempo de animarse a recorrer nuestros fracasos y reconocer los aciertos en un Congreso Pedagógico nacional, donde participen, como en un “ágora griega”, todas las voces del proceso educativo? Mientras tanto el “caleidoscopio educativo” seguirá girando y cada uno dentro de sus posibilidades tratará de adivinar figuras, formas y colores, sin saber del todo de qué se trata, ni quién hace girar este juguete caprichoso que habrá de definir la suerte de nuestra comunidad.
Miguel Ángel Reguera
miguelreguera@yahoo.com.ar














