Es un escándalo que, en las presentes circunstancias, Aerolíneas Argentinas siga alegremente volando a Rusia como si nada ocurriese. Aerolíneas: una empresa que supo ser modelo y orgullo nacional, ahora convertida en un mamotreto obscenamente subsidiado, sobredimensionado en personal con sueldos altísimos, coto de caza político y, como si esto fuese poco, perversamente monopólico, con la complicidad de las autoridades aeronáuticas que se ocuparon de eliminar la competencia de cabotaje de Latam y cerraron el aeropuerto de El Palomar con el objetivo de asfixiar a las pocas líneas low-cost que quedan. Solo un aspecto más de la vergonzante actual pusilanimería diplomática argentina, cuando hasta Boric, el electo presidente de Chile, no precisamente un neoliberal por cierto, ha calificado la acción de Rusia en Ucrania como la invasión de un estado soberano.
Roberto Buffo
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