Una vez el mundo simulará que hemos logrado la recuperación y conservación del ambiente… Y no es una visión burlesca, es la lectura de la realidad a nivel global. El cambio climático, el coronavirus que hizo hocicar al mundo independiente de sus ideologías, la disminución de la productividad en los cultivos, las hambrunas y ahora la viruela del mono, entre otras calamidades, nos vienen a demostrar que hemos entrado en un camino peligroso. Un camino que pone en peligro la vida humana, no la vida en su vasta extensión pues esta ya pasó por otros fenómenos de extinción, sino la vida del hombre que paradójicamente se autoproclamaba como el “Rey de la naturaleza”. El antropocentrismo, que aún sigue imperante, nos devuelve la cachetada y nos hace hocicar otra vez y esta vez de una manera muy dura. Las Naciones Unidas, preocupadas por el camino que hemos tomado, rescatan para 2022 el slogan “Una sola Tierra” para advertir la unicidad de nuestro planeta y sobre los efectos devastadores de la crisis climática, la pérdida de hábitat de muchas especies y la contaminación. Lamentablemente, Tucumán no escapa a esos efectos. El tema ambiente parece no ser prioridad. Lo que se hace, es muy poco en relación a lo que ambientalmente se necesita: no existe un plan integral provincial para los residuos urbanos, no sabemos cómo se han tratado los residuos de la pandemia, en unos días más los cielos se volverán oscuros y no por nubes sino por contaminantes atmosféricos; las aguas y las cloacas siguen siendo una materia pendiente en términos de prevención, las vinazas llenarán de olores y colores los arroyos; las obras mal construidas en el sur para remediar inundaciones están destruidas. Pero hablamos y pegamos carteles con “1,5 millón de árboles para Tucumán”. La ciudad se “hunde” por el mal manejo de las obras y de los suelos, mientras continúa la fiesta inmobiliaria en el pedemonte. Dejemos de ver la “realidad proyectada”, como en el mito de la caverna de Platón y veamos la realidad, por más dura que sea. Si negamos la realidad nunca vamos a poder combatir los errores. Nos hemos vuelto campeones en “socializar las responsabilidades” con frases como “es tarea de todos” o “falta la participación ciudadana”, pero no decimos que la responsabilidad primaria es y seguirá siendo de los gobiernos que, por mandato constitucional, deben bregar por un ambiente sano, donde se incluya la necesaria educación y medios para que el ciudadano sienta o internalice que es “tarea de todos”. Después de esa etapa socialicemos lo que quieran. Es evidente que se requiere de una política ambiental fuerte, con presupuestos acordes, municipios comprometidos, fortalecimiento institucional y educación no formal continua, sostenida en el tiempo, si realmente queremos hablar en serio de ambiente equilibrado, salud y producción de riquezas. Si no lo entendemos así el mito de la caverna seguirá siendo nuestra realidad.
Juan A. González
San Juan 158
Lules















