De su padre decía: “Mi padre ebanista más que carpintero tenía un pequeño taller con dos o tres operarios donde el arte era más importante que el dinero y vivió siempre enamorado de su trabajo”. Y sobre su madre agregaba: “Mi madre, modista, contribuía al sostenimiento del hogar. Largas horas pasaba sentada frente a la máquina de coser para luego entregarse a las tareas comunes de toda ama de casa”. Hacia el final de uno de sus libros él escribía: “Entendíamos, porque lo llevábamos en el alma, que el acto médico debe estar rodeado de dignidad, caridad, igualdad, piedad cristiana, sacrificio, abnegación y renunciamiento, y por sobre todas las cosas honestidad”. En una conferencia pronunciada en la Universidad de Tel Aviv en 1995 él nos decía: “Siempre he creído que toda realidad futura se eleva sobre cimientos de ideales y utopías. Sin duda soñar es tarea fecunda. Dejaría de existir si no tuviera por delante desafíos que involucren, por sobre todas las cosas, contribuir dentro y fuera de mi profesión al desarrollo ético del hombre”. El Dr. Fernando Boullón nos cuenta que: “Él era como un tren de alta velocidad. Uno estaba parado en la estación y tenía que subirse a ese tren que no pensaba parar. Algunos corrimos lo que pudimos, sufrimos hasta alcanzar algo de velocidad, otros perdieron un brazo al subirse de golpe. Así funcionaba nuestro servicio. ¿Que si nació hecho?, ¡No, de ninguna manera! Todo fue producto de su incansable trabajo diario, para nada exento de golpes”. Su crónica biográfica nos relata que llegó a este mundo el 12 de julio de 1923 en la ciudad de La Plata. Que nació en el seno de una familia de humildes inmigrantes italianos. Que estudió Medicina con mucho mérito y sacrificio y fue médico rural. Que después viajó a los Estados Unidos donde defendió su técnica para el tratamiento de la arterioesclerosis coronaria a la que le denominó By Pass. De ella él solía decir: “Esta es la cirugía del millón de detalles”. Finalmente regresó a nuestro país a entregarnos todo como lo relata y atestigua el Dr. Fernando Boullón (su discípulo) en su magnífico y recomendable libro: “El corazón en las manos”. Por supuesto él se llamaba René Gerónimo Favaloro y pasó a la inmortalidad el 29 de julio del año 2000. Hoy a 22 años de su partida lo recordamos con gran cariño, respeto y admiración en estos difíciles tiempos que vive nuestra pobre y generosa patria por la que él tanto luchó y mucho amó.
Juan L. Marcotullio
Ituzaingó 1.252
Yerba Buena














