La nueva norma de estacionamiento cayó como un balde de agua fría. Controlada vía informática, no se salvará nadie. Ni los motocarros, ni los ciclistas. Todo aquel que necesite desplazarse será captado por el Big Brother que lo ve, registra y denuncia todo. No habrá escape ni excusa. Se despreció el sistema tradicional para dar lugar a la informática. Esto será fácil para algunos, mas no para el resto de la población, cuyas necesidades lo rebasan y obligan a concentrarse en el duro esfuerzo diario por sobrevivir. Agregarle una nueva preocupación, porque le cae bien al concesionario que se encargará de recaudar, es irritante y molesto. Es un palo más en la rueda para la marcha normal de una comunidad que ya está al borde del hartazgo. La contribución que se exige es leonina y atrevida, ya que dejará - según trascendidos- para la Municipalidad el beneficio de sólo el 15% del total a recaudar. Así como se lo vislumbra, estamos todos en el horno.
Darío Albornoz
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