El lunes 20 de junio en horas de la madrugada mi padre fue internado de urgencia en la guardia del hospital Padilla. El martes 21 los médicos nos informaron que su diagnóstico era un posible ACV, por lo cual había que hacerle una tomografía. Sin embargo, afirmaron que en este nosocomio no disponían de un tomógrafo que pudiera soportar la contextura física y el peso de mi padre -el cual superaba los 120 kilos- y que el aparato del hospital no es apto para pacientes con cierto grado de obesidad. Ante esta situación, dijeron que nosotros, los familiares del paciente, buscásemos un tomógrafo apto para personas obesas. Entre ese martes y el miércoles 22 conseguimos en una clínica un tomógrafo con turno para las 16 horas. Informamos a la doctora a cargo y nos dijo que llamaría al traslado. Cuando llegó la ambulancia del 107, supuestamente era la bariátrica (diseñada y equipada para personas con sobrepeso) no se realizó el traslado porque el personal del 107 no contaba con la camilla apta para el peso del enfermo. En tanto, la doctora de la guardia del hospital decía que ella no podía hacer nada, debido a que solo tenía al alcance el 107, que no era su responsabilidad que este tuviera rotas tales camillas. Entonces, comenzamos una nueva búsqueda de traslados para pacientes con obesidad. Sin encontrar solución, nos dirigimos a la doctora. Su única respuesta fue que no podía hacer nada, que nosotros teníamos que hacernos cargo, pero que igualmente nuestro padre estaba recibiendo el tratamiento para el posible ACV y que el resultado del estudio no cambiaría nada. Estábamos en un estado de desesperación. Llamamos de nuevo al 107, luego al 103 ¡Llamamos inclusive a los bomberos! Pero nadie nos daba una solución. Finalmente, el personal del 107, después de que les suplicáramos, logró concretar el traslado usando camilla común. Nos ofrecimos para ayudar a sostener la camilla así no cediera. Aceptaron, pero, no sin antes exigirnos la firma de un acta en la que se nos responsabilizaba por cualquier malestar que aquejara al paciente producto de las circunstancias en las que se efectuaría el traslado. Una vez hecha la tomografía (¡tres días después de que mi padre ingresara a la guardia!), el diagnóstico fue ACV hemorrágico. Ante este panorama, otro doctor de la guardia nos comunicó que debían realizarle urgente una cirugía. A la espera de la operación, surgió nuevamente un problema. El mismo médico que nos había dicho que la operación era necesaria, luego nos comunicó que debido al peso del paciente no podían subirlo por la rampa que dirige hacia el quirófano. La razón: no contaban con personal suficiente en ese momento. Después dijo que había llegado un caso más urgente y que la operación se pospondría. El viernes 24 de junio otro médico dijo que la operación no era urgente y necesaria, que había que esperar. La problemática situación en la que tuvimos que ayudar en el traslado se produjo hasta dos veces más, ya que se hicieron dos tomografías más. Con el correr de los días, mi padre se puso más grave y lo operaron de urgencia el miércoles 6 de julio después de una tomografía más y un estudio llamado angiografía que se le realizó dentro del nosocomio. De este estudio el paciente salió con respiración mecánica porque lo habían sedado. Ya en su estado crítico posterior a la intervención quirúrgica fue el personal del hospital junto con el del 107 quienes se encargaron de la totalidad del traslado para la otra tomografía, ya sin exigir participación alguna de nosotros. Lamentablemente mi padre falleció el 9 de julio por la noche en la terapia intensiva del hospital, porque su corazón no pudo soportar el tratamiento de recuperación del postoperatorio, según el último parte médico. Además, más allá de que nos había informado sobre su estado crítico, ningún médico nos esperó para entregarnos el cuerpo, solo una enfermera nos dio un papel firmado por un doctor con la causa del deceso. Escribo esta carta para pedir un trato más “humano” tanto en la comunicación sobre el deceso de un paciente como de los acuerdos y criterios médicos que establecen los distintos doctores que van cambiando de turno cuando el paciente aún está con vida para que los familiares no nos sintamos confundidos. Pero, la escribo, sobre todo, para exigir que una institución tan importante como el hospital Padilla cuente con un tomógrafo adecuado que soporte el tamaño de pacientes con sobrepeso y obesidad.
Emilio Ibáñez
sireemilio@gmail.com














