PRBRO. MARCELO BARRIONUEVO
“Al ver a las multitudes se llenó de compasión por ellas, porque estaban maltratadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: La mies es mucha, pero los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies que envíe obreros a su mies. Habiendo llamado a sus 12 discípulos, les dio poder para arrojar a los espíritus inmundos y para curar toda enfermedad y toda dolencia. Los nombres de los 12 Apóstoles son éstos: Primero Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano; Santiago el de Zebedeo y Juan su hermano; Felipe y Bartolomé; Tomás v Mateo el publicano; Santiago y Judas Iscariote, el que le entregó”. (Mateo 9, 36.10, 4)
I- Nos refiere el Evangelio de la Misa (Mateo 9, 36-10, 8) que el Señor se llenaba de compasión al ver las multitudes porque andaban maltratadas y abatidas, profundamente desorientadas. Sus pastores, en lugar de guiarlas y cuidarlas, las descarriaban y se portaban más como lobos que como pastores. Como hoy, los obreros son pocos en proporción a la tarea: tanta gente desorientada, vacía de Dios y llena sólo de bienes materiales o de deseos de tenerlos. Hay urgente necesidad de cristianos alegres, eficaces, sencillos, fieles a la Iglesia, conscientes de lo que tienen entre manos. Hoy podemos preguntarnos: ¿qué he hecho hoy para dar a conocer a Dios? ¿A quién he hablado hoy de Cristo? ¿Me preocupa la salvación de quienes me rodean? ¿Soy consciente de que muchos se acercarían al Señor si yo fuera más audaz y más ejemplar en el cumplimiento de mis deberes?
II- Sobran excusas para no llevar a otros a Cristo: falta de medios, preparación insuficiente, de tiempo, lo reducido de nuestro medio o la enormidad de las distancias de la gran ciudad en la que vivimos. Todos podemos cumplir lo que de nosotros depende. Y nosotros queremos ser fieles al Señor: llevar a cabo lo que está entre nuestras manos. El Señor nos invita a confiar y renovar el deseo de hacer su misión, su gran tarea de pastores que sirven al único Pastor.
III- Jesús prepara su llegada a otras ciudades a través de sus discípulos. Es una labor previa que no tiene el fin en sí misma, como todo apostolado. Toda labor apostólica se culminará con la llegada de Dios a las almas, que han sido preparadas por los enviados. El Señor, que podría llevar a cabo directamente su obra redentora en el mundo, quiere necesitar de discípulos que vayan delante de Él a las ciudades, a las fábricas, a las universidades. No podemos olvidar que Dios llama a muchos. Pidamos al Señor la gracia de saber promover y alentar esas llamadas del Señor, que pueden estar dirigidas a personas que vemos todos los días. Pidamos a la Virgen, Reina de los Apóstoles que nos ayude a formular un propósito concreto para ser instrumento para que muchos correspondan a la llamada de su Hijo.
Textos basados en ideas de “Hablar con Dios”, de F. Fernández Carvajal.





















