Una mujer que transformó el peor dolor en amor para los niños

“Una caricia al alma” es el merendero que Claudia Altamiranda creó en homenaje a su hijo Thiago, que falleció luego de una larga lucha contra la leucemia. En su propia casa, cocina para 50 niños de entre tres y 14 años.

Claudia Altamiranda creó “Una caricia al alma”. Claudia Altamiranda creó “Una caricia al alma”.

Se la ve entera, pero cada tanto se le quiebra la voz. Se disculpa por no ser lo suficientemente fuerte, y sigue hablando. Y, en medio de tanto dolor, agradece: a los médicos que la acompañaron, a las personas que la ayudaron y a Dios, por haberle “prestado” la vida de su ángel por unos años. Claudia Altamiranda sostiene una foto impresa de Thiago Tomás Anselma, su hijo de nueve años que falleció en noviembre de 2022 luego de una larga lucha contra la leucemia.

Y mientras sufre el dolor de la pérdida, se aferra a “Una caricia al alma”, el merendero-comedor que abrió hace un mes, en homenaje al niño. “El tenía el sueño de que cuando tuviésemos nuestra casita pudiésemos ayudar a otros chicos”, dice entre lágrimas.

No logró tener la casa propia, y aún espera al Instituto Provincial de la Vivienda (IPV), pero sí tiene en marcha la voluntad de Thiago. En su hogar -el mismo en que su hijo pasó sus primeros y sus últimos días- ofrece a 50 niños el almuerzo y la merienda. Y, la mayoría de las veces, lo hace de su propio bolsillo.

“Él siempre fue muy bondadoso con todos; sacaba todos sus juguetes para otros chicos. Y decía que cuando tengamos la casa íbamos a hacer sánguches de milanesa para todos -recuerda-; se fue sin cumplir eso, por eso yo lo hago por él. Murió con una vida digna; no le ha faltado nada. Dios le dio muchísimo más de lo que ha necesitado. Y esto es una manera de devolver un poquito de lo que él tuvo. Le puse ‘Una caricia al alma’, porque eso significa para mí el poder ayudar a los chicos; que tengan un plato de comida, un pantalón y una sonrisa. Y es duro, porque pienso en que veo a mi hijo también recibiendo todo ese amor”.

Una larga lucha

Claudia inauguró el merendero hace un mes, al cumplirse exactamente seis meses del fallecimiento de Thiago. “Él se enfermó el 1 de diciembre de 2015, cuando tenía dos años. Terminó la quimio la misma fecha en 2017 y pudo ir al jardín, pero en 2019 recayó. Y de ahí todo empeoró”, cuenta su madre. Lo trataron en el hospital Garrahan y también en Tucumán; tuvo algunas dificultades, como la suspensión de alguna medicación importada o la imposibilidad de viajar por la pandemia, pero “gracias a Dios”, siempre hubo una solución.

“No me puedo quejar; tuve muchísima ayuda, he andado por todos lados, pero he hecho valer los derechos de mi hijo. Gracias a eso él pudo tener una vida digna”, reflexiona. Con el pasar de los años, llegó la peor noticia: su enfermedad se volvió irreversible. “Fuimos al Garrahan por última vez en marzo de 2022. Le hicieron una punción y descubrieron que el cáncer había vuelto y que ya no había solución. Nos dieron la posibilidad de volver a empezar el tratamiento, pero él ya tenía muchos órganos comprometidos, y no quería reventárselos. Volvimos y él empezó a estar muy bien, como si no tuviera cáncer, hasta que en agosto comenzó a gritar del dolor”, relata.

En octubre la situación empeoró. “Él sabía que se iba a morir. Jamás le oculté lo que le pasaba. Le dije ‘Thiago, dice el doctor que estás muy enfermo. O nos vamos a casa hasta que Dios diga, o nos quedamos y damos batalla’. Finalmente él decidió volver; quería jugar con sus amigos. Y yo quise cumplir con su voluntad hasta último momento”, relata y se queda en silencio.

Resignificar

Aquel 25 de noviembre, por la noche, finalmente Thiago “se fue”. Pero su esencia y su existencia se mantienen vivo: están en su habitación, aún llena de recuerdos acumulados; en los pasillos de su casa; en los carteles que sus vecinos le hacían para alentar al “superhéroe” del barrio; en su bici y en su cuatriciclo (regalo del Hospital Garrahan) y en cada plato que su mamá prepara en su homenaje. “Era mi único hijo varón, que vino a mi vejez. Lo tuve a los 45 años... pero me cambió la vida; cuando vivís algo así, todo cambia. Lo cotidiano ya no tiene sentido; priorizás todo el día lo espiritual y su cuidado”, dice, pero es interrumpida. Hay que empezar a cocinar.

Ella y sus dos ayudantes brindan dos días por semana el almuerzo y otros dos días la merienda. Además, reciben donaciones de ropa para todos los niños, de entre tres y 14 años. “A la mayoría los conozco de chiquitos porque viven a la orilla del canal y venden limones; algunos incluso fueron compañeros de mi hijo. Él me da la fortaleza para seguir cada día; no me interesa cómo, sólo quiero que los chicos puedan tener una comida. Hay días que nos ayudan, pero lo más caro, como la carne, el pollo y el aceite los pongo de mi bolsillo. Hay personas que colaboran con la tortilla, con el azúcar... y yo pienso, que si toda la gente tuviera un poquito más de empatía, podríamos ayudar mucho más. No me importa qué piense el otro (ha recibido críticas por su labor), yo lo hago desde el punto de vista humano, y porque tengo que agradecer un poquito de todo lo que me han dado”, asevera.

Colaboración

Mientras charla con LA GACETA, ella y su amiga Silvana Lombardini empiezan a cortar las verduras para las albóndigas con salsa que van a almorzar los nenes. “Salen de la escuela y a la una ya vienen a buscar la comida, entonces tenemos que apurarnos”, afirma. Y así pasa sus días, pero -advierte-, no le cuesta mucho. “Hasta que Thiago enfermó tuve un delivery; mi papá tenía cocinas, hacía catering y me crié en ese ambiente. Para mí es todo fácil; sé hacer lo posible para que rindan todos los ingredientes y para que la comida alcance”.

Pero la idea no es que ella tenga que hacer malabares, y por eso aceptan donaciones de alimentos no perecederos, de ropa, de juguetes, de utensilios de cocina o de dinero. Reciben las donaciones en el domicilio de Claudia, donde funciona el merendero, en Barrio AGET, block 17, departamento seis. Para más información, podés comunicarte con ella por teléfono al 3813416142 o en Instagram: @unacariciaalalma.merendero.

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