EQUIPO. De la escuela solidaria participan alrededor de 35 adolescentes, a partir de los 12 años. Allí juegan y además crean fuertes lazos de amistad. la gaceta / fotos de diego araoz
Todo empezó como un plan familiar, cuando Ángel Herrera y su esposa Noelia Sandoval comenzaron a jugar al hockey; su hija adolescente ya había probado el deporte, le había gustado y eso inspiró a sus padres. Pero ellos fueron por más: incluyeron a niños del barrio en el que viven, quienes poco a poco comenzaron a alejarse de la calle y de sus realidades adversas gracias a la actividad. Jugaban a diario en la plaza barrial, pero les quedó chica: tuvieron que pasarse al parque 9 de Julio. Hoy dan clases, dan sonrisas, dan enseñanzas y dan mucha contención a más de 35 chicos, mayormente habitantes de la Costanera.
Se trata de la escuela solidaria de hockey Divino Maestro, que se realiza por las tardes en una cancha detrás del Palacio de los Deportes. Ángel y Noelia empezaron hace un año con esta locura: “teníamos cinco palos y tres bochas, que eran nuestras. No pensamos que iba a crecer tanto; queremos que este grupo no sea sólo de deportes, sino de amigos. La mayoría de los chicos son de ambientes complicados; aquí los tenemos tres o cuatro horas por jornada, les enseñamos, jugamos, charlamos... Son unas horas por día que están fuera de sus ambientes. Y ellos, felices. Vienen corriendo a las clases”, cuenta a LA GACETA “el profe” Ángel, mientras ve entrenar a sus estudiantes.
Él conoce a la perfección este deporte, ya que fue preparador físico de equipos femeninos de importantes clubes de la provincia, pero hacía algunos años que no se relacionaba con el hockey. “Desde 2007 no jugaba, porque tuve una lesión en el tendón de Aquiles. Pero la técnica, la enseñanza, el reglamento... todo eso lo tengo. Lo redescubrí el año pasado; y eso es lo que les transmitimos. Queremos que los chicos cambien su historia de vida, que progresen, que sientan que cada día pueden un poquito más. Esa es nuestra meta”, relata.
PRÁCTICA. Algunas de las chicas ya sueñan con ser parte de Las Leonas.
Ilusiones y libertad
Los chicos van llegando por la tarde, a medida que salen de la escuela (ojo que si les va mal en los estudios, los papás nos los dejan ir). Aparecen con muchas ganas de aprender. Todos los instrumentos de juego (palos, bochas, conos de entrenamiento, redes, escaleras, pecheras) son donados. Algunos están en buen estado y otros tantos están “al borde de la muerte” -precisa Ángel-, pero los profes todavía agradecen -un año después- a todos los que donaron equipos para que este proyecto pudiese salir adelante. A los jugadores tampoco les preocupa el estado de los elementos; los reciben y los usan con todas las ganas.
Los chicos quieren aprender y todos quieren crecer en el deporte. La gran mayoría -cuentan- jamás había hecho una actividad así, y nunca se hubiesen imaginado estar en el hockey. “A mí me gustaría ser una de las Leonas”, dice, fuerte y claro Simona (14 años). Ella se unió al grupo hace algunos meses; llegó gracias a una amiga y jamás abandonó. “No sé cómo junto fuerzas para venir, porque a veces llego de la escuela muy cansada -reflexiona-; pero me gusta mucho. He aprendido muchísimo, porque los profesores son muy buenos, y nos ayudan mucho. Están pendientes de lo que necesitamos, nos preguntan y nos escuchan”.
Y quien sabe... quizá en el futuro la veamos en el seleccionado de hockey femenino. O, al menos, corriendo detrás de la bocha en algún equipo de la provincia. Es que -cuenta orgulloso Ángel- algunos de sus estudiantes ya han sido fichados y becados por clubes tucumanos.
“Muchas veces nos cuentan y tienen historias muy complejas. La mayoría tiene en su familia personas con adicciones o que roban. Y es lindo verlos llegar, sobre todo a las chicas, que nos dicen que vienen porque acá son libres, que pueden correr y hacer cosas que en sus casas no”, dice emocionada Noelia. “Es difícil no poder hacer nada por ellos más que aconsejarlos y acompañarlos. Intentamos recordarles lo importantes que son y estamos para lo que necesiten”, agrega, al sentir insuficiente su labor.
Necesidades
Pero este granito de arena es todo para los chicos. “Yo practicaba en la calle o en el pavimento de la casa, pero acá es distinto. Antes estaba muy metido en casa, con el teléfono, y esto me ha ayudado a cambiar, a salir a despejarme... Me alejé de todo eso. Ahora vengo, corro... Me imagino como jugador de grande; ya participé de un amistoso en el club Lince y me gustó. Pero es diferente jugar en los clubes, aquí se traba mucho la bocha”, afirma en una pausa Agustín (14 años).
EL PROFE. Ángel es uno de los mentores de la escuela solidaria.
“Yo soy de la Costanera. Veía como jugaban y empecé a venir todos los días. Me divierto mucho con los ejercicios, aunque por ahí me siento cansada. Pero me gusta y me alientan: mi familia y mis amigos me dicen que siga. Me gustaría ser profesora algún día”, dice Morena (de 12 años).
Los chicos practican todas las semanas en el parque, pero no tienen la oportunidad de participar de torneos. Hhan estado en alguno el año pasado, pero actualmente no pueden por los costos. No poseen ningún set de arquero -es el equipo más caro- y por ello no pueden anotarse en los concursos. “El alquiler también es caro, y lo alquilamos algunas veces el año pasado, pero no podemos pagarlo ya para tantos juegos”, reconocen. Apelan a la solidaridad de alguna persona o club que pueda ayudarlos con esos elementos, y también informan que necesitan máscaras faciales, camisetas o pecheras (para diferenciar los equipos) y cualquier palo. “Yo los voy a buscar adónde sea”, advierte Ángel.
ELEMENTOS. Todos los elementos de juego que usan fueron donados.
Para más información o para colaborar, podés comunicarte al teléfono de Noelia: 381-6355968.




















