La misa de hoy: una carga que es ligera

09 Julio 2023

Pbro. Marcelo Barrionuevo

El anuncio de un plan de salvación de la Humanidad por parte de Jesucristo no fue aceptado por quienes andaban mendigando alabanzas unos de otros, y no se interesaban por aquella gloria que procede de Dios (Cfr Jn 5,44). Quien es sencillo de corazón y busca la verdad -no su verdad-, se codea con la grandeza y descubre la libertad verdadera, descubre a Dios. Porque allí donde está el espíritu de Dios, está la libertad (Cfr 2 Cor 3,17).

Jesús se dirigía y se dirige hoy, a través de su Iglesia que somos todos, a esa humanidad que anda sobrecargada de obligaciones -muchas inútiles e inventadas por los hombres (Cfr Hch 15,10), que no traen paz al corazón-, ofreciendo otra carga que es ligera porque la hace llevadera el amor. “Cualquiera otra carga tiene peso, pero la de Cristo tiene alas. Si a un pájaro le quitas las alas, parece que le alivias del peso, pero cuanto más le quites este peso, tanto más le atas a la tierra. Ves en el suelo al que quisiste aliviar de un peso; restitúyele el peso de sus alas y verás como vuela” (S. Agustín, Sermo, 126).

El yugo del Señor es liberación porque es la ley del Espíritu que supera la carne, ley de libertad interior, de obediencia filial a Dios Padre que quiere siempre lo mejor para sus hijos. De ahí que el Salmo Responsorial afirme: “El Señor es clemente y misericordioso, bueno con todos, cariñoso con sus criaturas. Sostiene a los que van a caer, endereza a los que ya se doblan”.

¡No retiremos el hombro ante la carga que el Señor quiere que llevemos! ¡En cuántas ocasiones, ante las embestidas de la comodidad o indiferencia que encontramos al querer influir cristianamente en nuestro entorno, se insinúa la tentación de no complicarnos la vida! Pensamos que nadie nos comprende, que no agradecen nuestro interés, que todo les resbala... No permitamos que los demonios interiores se adueñen de nuestro ánimo y asome la tristeza y la soledad.

Recordemos que la comodidad, la permisividad y el consumismo no liberan. Lo que libera es Dios, es la buena conciencia. Nos equivocaríamos si creyéramos que el cristianismo nos protege del dolor. No inventó Él la Cruz, ya existía y existe, pero nos ha enseñado a llevarla sin quejas y a descubrir el valor redentor que encierra.

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