La ofensiva comercial de Estados Unidos y la creciente competencia tecnológica con China marcaron la incertidumbre en el año, aunque no lograron frenar las subas de los principales índices. El S&P 500 avanzó 17,3% en dólares, con el sector tecnológico liderando utilidades e inversión y con la Inteligencia Artificial (IA) como protagonista. ¿Commodities? El oro y la plata volaron (52% y casi 100%, respectivamente), mientras que el petróleo retrocedió (-17%), resume el reporte de GMA Capital. En contraste, los precios de los granos mostraron mayor estabilidad. La soja terminó 10% arriba del nivel de diciembre 2024, apoyada en cosechas récord en Brasil y un redireccionamiento transitorio de la demanda china por tensiones comerciales. El trigo, en cambio, retrocedió 3%.
La plata duplicó su valor en el año, impulsada tanto por su uso como activo defensivo como por su rol creciente en la industria tecnológica y energética. Su demanda se aceleró en sectores clave como la producción de semiconductores y bienes intermedios vinculados a la transición energética.
El oro también mostró una suba significativa, al trepar 52% en doce meses. El conflicto comercial global, las dudas sobre la solidez del rally IA y el cambio de tono en la política monetaria estadounidense generaron un entorno propicio para activos de cobertura. Así, la demanda por metales preciosos se reactivó.
Por otro lado, la Reserva Federal de los Estados Unidos acompañó esta dinámica. Desde septiembre, avanzó con recortes graduales de tasas y cerró el año en 3,5%-3,75%, respondiendo así a señales de enfriamiento en el mercado laboral en el país del norte. Sin embargo, el proceso fue cauteloso: la inflación continúa cediendo, pero aún permanece lejos del objetivo del 2%.
El panorama macroeconómico global continúa apuntalando las perspectivas alcistas para el oro en 2026, sustentado por factores estructurales que no han sido resueltos, pero con menor vigor que este año señala por su parte Balanz. Los elevados déficits en las economías desarrolladas, políticas proteccionistas y las continuas compras de oro físico por parte de los bancos centrales siguen dándole soporte a la tendencia alcista en el precio del metal.
Balanz aguarda que el metal mantenga su actual tendencia al alza hacia los U$S5.000 por onza en 2026. En particular, la suba del precio se retroalimenta de la demanda por las continuas compras de los Fondos que cotizan en Bolsa (ETF) que requieren del oro físico. Asimismo, otros metales como la plata y el paladio seguirían acompañando la tendencia alcista del oro, pero con sus respectivos precios más dependientes de las restricciones propias de la oferta en estos metales. La volatilidad en los metales preciosos dependerá de la consolidación fiscal creíble en los países desarrollados, y el tenor de las tensiones geopolíticas. Por eso, Balanz sugiere la inversión en metales más que en mineras ya que los primeros presentan una mejor relación riesgo-retorno.
El cobre, a su vez, puede alcanzar nuevos máximos en 2026, impulsado por la fuerte demanda de energía para vehículos eléctricos e infraestructura de la IA, en un entorno de restricciones de oferta. El panorama se vería matizado por la desaceleración del consumo en China, mientras la oferta enfrenta restricciones por problemas en la producción chilena y los inventarios globales permanecen bajos. En este contexto, se espera que se consolide un mercado ajustado con precios al alza en el mineral.
En el petróleo, se observa una fuerte influencia de la OPEP+ manteniendo los precios entre U$S59 y U$S63 por barril con ampliaciones de la oferta durante 2026. La OPEP+ mantendrá su estrategia en gestionar de manera activa la oferta para evitar que un exceso de petróleo envíe los precios por debajo de un nivel considerado crítico, en casi U$S50 por barril.