Héctor Luis Gómez conoce Graneros desde adentro. No sólo fue jugador, no sólo es ayudante de campo. Es testigo privilegiado de la transformación de un club que nació sin tribunas, sin vestuarios, que se dio el lujo de disputar competencias federales y se convirtió en uno de los protagonistas del fútbol provincial. Llegó hace 23 años, cuando Eduardo “Lobo” Sáez de Ugarte dirigía al equipo que buscaba volver a la Primera de la Liga Tucumana. Aquella campaña terminaría en el ascenso de 2005 y marcaría para siempre la historia del club, y la de Gómez.
A base de esfuerzos
Fundado en 1997, Graneros necesitó apenas cuatro años para conseguir su primer ascenso a la A. En 1998 había debutado en la Liga Tucumana B y, en 2001, se ganó un lugar en la máxima categoría. Tras un descenso, la institución regresaría a Primera en 2005 para no volver a irse más. Con el tiempo, el club se afianzó, amplió disciplinas (sumó vóley, básquet, hockey, entre otras) y este año se quedó a un paso del ascenso al Federal A, cuando cayó frente a Gimnasia de Chivilcoy.
Pero el presente no se entiende sin mirar hacia atrás y sin recordar cómo era Graneros cuando Héctor llegó. “Todavía no había tribunas, todo estaba en construcción. No había vestuarios. La cancha estaba pelada, sin riego. Era todo a pulmón, todo al corazón”, recuerda.
El salto y el regreso
Antes de llegar al club, Gómez vivió una historia poco conocida. Fue sparring de la Selección mayor en la era Marcelo Bielsa, compartiendo entrenamientos con referentes como Ariel Ortega, Gabriel Batistuta, Hernán Crespo y Matías Almeyda. Estaba en Argentinos, cerca de firmar su primer contrato profesional. Pero todo se frenó por problemas dirigenciales.
“Ya era hora de firmar contrato, pero no llegaron a un acuerdo. Me fui seis meses a Bartolomé Mitre, en Rosario, esperando otro club… y no salió nada. Mi hija estaba por nacer, había que apurar pañales y leche. Tenía que llevar el pan a casa”, cuenta.
Volvió a Tucumán para trabajar con su padre en el taller metalúrgico, en tareas de soldadura. Y fue entonces cuando apareció la oportunidad en Concepción FC primero, y luego en Graneros. “Vuelvo de Buenos Aires, me pongo a laburar y me dan la posibilidad de jugar en el ‘Cuervo’. Ahí ‘Lobo’ me ve, hago un buen campeonato y él me recomienda venir a Graneros, para buscar el ascenso”, dice.
La identidad del club
Cuando rememora a Eduardo “Lobo” Sáez de Ugarte, a Héctor se le quiebra la voz. Lo recuerda como técnico, como referente y como amigo. “Lamento no haber compartido más tiempo con él desde adentro del cuerpo técnico. Era directo, decía las cosas de frente, no ocultaba nada. Te enseñaba de fútbol y de vida. Tenía todas las mañas y te las transmitía”, reflexiona.
Y va más allá, sin dudar. “Para mí, ‘Lobo’ es el símbolo del corazón de Graneros. Él puso todo para que el club esté vivo hoy. Ese ascenso lo hicimos con 15 jugadores, sin botines, sin un grupo de entrenamiento. Todo era a pulmón. Él se metía en todo, hasta en el tema de los sueldos. La gente lo recuerda siempre; hay banderas de agradecimiento. Lo que él hizo fue eterno”, explica.
Sáez de Ugarte incluso estuvo cerca de candidatearse para presidente de la Liga Tucumana, un sueño que no llegó a concretarse. “Era muy difícil que se concrete”, dice.
Profesionalización
Héctor también analiza el presente del “Cocodrilo”, marcado por el impulso dirigencial de Roque Graneros (hijo) y por la competitividad lograda en los últimos años. “Para mí fue un movimiento profesional. Se trajeron jugadores de nombre, se armó un plantel riquísimo para pelear. Hace tres o cuatro años que Graneros es protagonista, tanto en la Liga como en el Regional”, explica.
El club fue campeón de la Región Norte en 2025, jugó finales consecutivas de la Liga Tucumanaen 2022 y 2023, y se dio el gusto de recibir a rivales de otras provincias en un estadio que ya es referencia para el sur de la provincia.
“Esto atrae gente, emociones y turismo. La familia participa y los chicos del club también. Me llena de orgullo. Yo soy de Alberdi, pero ahora vivo acá y siento que Graneros es mi casa”, confiesa.
Su función actual
Hoy, Héctor cumple dos roles: es ayudante de campo de Hugo Corbalán en Primera y también trabaja con las divisiones de Reserva. Además, es empleado del club. “Acá te premian por todo lo que das, por estar siempre. Es una casa en serio. Estoy agradecido”, resume.
De 2001 a la actualidad, su recorrido lo dice todo: dejó Buenos Aires y una posible carrera profesional, volvió por obligación, encontró un club que se estaba construyendo desde cero y se convirtió en parte de su ADN. Vivió ascensos, finales, luchas, carencias y transformaciones profundas. Siempre al lado de la pelota y siempre al lado de Graneros.