Nos vamos al 26 de septiembre de 1926, casi un siglo atrás. Una pujante entidad llamada Tucumán Automóvil Club organizó la “Standard”, competencia para la que eligió un circuito que existía en San Pablo. El ganador fue Luis Mateucci, quien completó las ocho vueltas en 4 horas y 23 segundos.

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Pero fue otro de los participantes el que concitó la atención de un público que no dejaba de deslumbrarse por los coches de carrera y las velocidades que podían alcanzar. Se trataba de Julio Fonio, cuyo Chrysler sufrió tantos contratiempos técnicos que se vio obligado a abandonar la prueba.

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Ahí estaban Fonio y su auto, marginados del espectáculo, cuando de pronto la muchedumbre empezó a acercarse y a rodearlos. Lo bombardearon a preguntas y al piloto no le quedó más remedio que darles una clase de mecánica y de manejo. César Martínez Lanio, histórico fotógrafo de LA GACETA, especializado en coberturas deportivas, captó la anécdota y se acercó al grupo para registrar el momento. Entusiasmados, encaramados al Chrysler, los tucumanos quedaron inmortalizados en esta imagen.