En los mapas de vuelo, los trayectos entre América y Asia suelen dibujar curvas inesperadas y desvíos que llaman la atención: en lugar de cruzar de forma directa el océano Pacífico, muchos aviones parecen esquivarlo. La pregunta surge casi de inmediato: ¿por qué las rutas aéreas evitan el camino que, a simple vista, parece el más corto?

El laberinto más grande de Sudamérica está en Argentina: dónde queda y cómo es el desafío que sorprende a los visitantes

A primera vista, parecería lógico que los aviones que conectan ciudades de América con destinos en Asia tomen el camino más “recto” posible sobre el océano Pacífico. Sin embargo, en la práctica, la mayoría de los vuelos transoceánicos siguen rutas curvas que bordean continentes o pasan por zonas polares, y rara vez trazan una línea directa sobre el mar más grande del planeta. Esta decisión responde a una combinación de factores técnicos, geográficos y de seguridad más complejos de lo que sugiere un mapa convencional.

¿Por qué los aviones esquivan el océano Pacífico en vuelos entre América y Asia?

Una de las razones principales tiene que ver con la geometría de la Tierra: la ruta más corta entre dos puntos sobre la superficie de una esfera no es una línea recta en un mapa plano, sino un arco conocido como “círculo máximo”. Esta trayectoria curva, que en algunos casos pasa cerca del Ártico, reduce la distancia real recorrida y mejora la eficiencia del vuelo, con ahorros de tiempo y combustible para las aerolíneas.

Además de la curvatura terrestre, los planificadores de rutas aéreas priorizan mantener el vuelo relativamente cerca de aeropuertos alternativos, en caso de emergencias. La vasta extensión del océano Pacífico central ofrece muy pocos puntos de aterrizaje posibles en un hipotético fallo técnico o situación médica a bordo, lo que obligaría a desviarse grandes distancias para alcanzar tierra firme.

Ese mismo principio se integra en las regulaciones de seguridad aeronáutica, como las normas ETOPS (Extended-range Twin-engine Operational Performance Standards), que limitan cuánto tiempo puede volar un avión bimotor alejado de un aeropuerto. Aunque las aeronaves más modernas poseen certificaciones extendidas, las rutas suelen diseñarse para asegurar la proximidad a múltiples aeródromos.

También influyen las corrientes de aire y el clima. Las rutas que siguen los aviones transpacificos se ajustan para aprovechar las corrientes en chorro cuando viajan hacia el este, reduciendo el consumo de combustible, y para evitar condiciones meteorológicas difíciles, como turbulencias u otras inestabilidades frecuentes sobre el océano abierto.

En conjunto, estas variables explican por qué muchos vuelos intercontinentales parecen “esquivar” el Pacífico en lugar de atravesarlo de forma directa. Lo que puede parecer una trayectoria más larga en un mapa bidimensional es, en realidad, una ruta optimizada por la forma del planeta y por criterios de seguridad y eficiencia operativa.