La cantidad de jóvenes que no logran independizarse volvió a crecer en Argentina. Según la Fundación Tejido Urbano, el 38,3% de las personas de entre 25 y 35 años siguió viviendo con sus padres en 2025, superando ligeramente el registro del año anterior. La cifra representa a 1,8 millones de jóvenes que, pese a estudiar o trabajar, no llegan a cubrir los costos de una mudanza propia.
El fenómeno se mantiene estable desde hace una década: entre el 36% y el 40% de este grupo etario permanece sin independizarse. La fundación analizó datos de la Encuesta Permanente de Hogares del Indec y los complementó con encuestas a jóvenes que lograron mudarse y a quienes continúan viviendo en la casa familiar.
Ingresos que no alcanzan y alquileres cada vez más caros
Entre los factores que condicionan la independencia juvenil, los económicos ocupan un rol central. El precio del alquiler, en relación con los salarios promedio, subió de forma sostenida en los últimos años. En promedio, un joven destina el 41% de su ingreso mensual únicamente al alquiler.
El estudio también revela diferencias marcadas entre quienes se emanciparon y quienes no. Los jóvenes que lograron alquilar o acceder a una vivienda registran menores tasas de desempleo: entre el 4% y el 5%, mientras que quienes siguen en la casa familiar alcanzan un 10% de desocupación. Además, el ingreso promedio de una persona emancipada duplica al de quien aún no logró mudarse.
Estudiar prolonga la convivencia familiar
El análisis destaca que el grupo de jóvenes que continúa estudiando presenta una probabilidad mucho mayor de seguir viviendo con sus padres. En un mercado laboral que no generó oportunidades genuinas en los últimos veinte años, la transición hacia empleos estables se vuelve más tardía.
En la actualidad, quienes llegan a los 30 años acceden a trabajos que, hace dos décadas, estaban disponibles para personas de 20.
La combinación de trabajos informales, cuentapropismo y salarios bajos limita no solo la posibilidad de alquilar, sino también el acceso a servicios de salud, aportes previsionales y un proyecto de vida independiente.
La expansión de viviendas precarias y un déficit que crece
A la dificultad para alquilar se suma otro dato estructural: la expansión de la mancha urbana y el crecimiento de asentamientos en las periferias de grandes ciudades como Buenos Aires, Rosario o Córdoba. Muchas familias optan por comprar lotes en zonas intermedias y levantar construcciones precarias como casillas.
Según Hábitat para la Humanidad, al menos 314 mil familias viven en hogares con pisos de tierra. Y desde Tejido Urbano estiman que más de un millón de viviendas presentan condiciones deficitarias, sin terminaciones básicas o con materiales frágiles como el adobe.
Un desafío para la próxima década
El panorama muestra que la emancipación juvenil depende de múltiples factores: ingresos, estabilidad laboral, acceso a vivienda y políticas urbanas.
Mientras las condiciones económicas no acompañen, la independencia seguirá siendo una meta lejana para amplios sectores jóvenes del país.