Ducharse a oscuras dejó de ser una rareza para convertirse en una práctica cada vez más difundida en redes sociales, donde influencers de bienestar la presentan como una experiencia de relajación profunda y casi meditativa. Sin embargo, más allá del boom digital, la pregunta central es si realmente aporta beneficios psicológicos concretos o si se trata de una moda pasajera.

Para la psicóloga clínica Silvia Papuchado (M.N. 11783), vicepresidenta del capítulo de Políticas Públicas de la Asociación Argentina de Psiquiatras (AAP) y representante del grupo Familia Esperanza, la práctica no surge solo de las redes y sí tiene fundamentos reales, aunque todavía se encuentra en una etapa inicial de estudio.

“Es real que tiene beneficios”, afirmó la especialista, y explicó que estos están directamente relacionados con el funcionamiento biológico del organismo frente a la luz y la oscuridad. Según detalló, la ausencia de estímulos luminosos favorece la producción de melatonina, la hormona vinculada al sueño, y contribuye a reducir los niveles de cortisol, asociada al estrés.

“Nosotros, en el ritmo circadiano, nos guiamos por la luz y por la oscuridad. Sabemos que cuando aparece la luz nos despertamos, y con la noche y la oscuridad nos dormimos. Entonces, obviamente, esto ayuda a la producción de una mayor cantidad de melatonina”, señaló Papuchado.

Además, la reducción de estímulos visuales durante la ducha genera un impacto directo en el estado mental. Al eliminar la luz, el cerebro recibe menos información externa y puede concentrarse en otras sensaciones, como el sonido del agua, la temperatura corporal o la respiración.

“Como cualquier otro tipo de actividad que se realice a oscuras, lo que fomenta es poder enfocar mentalmente en algo”, explicó la psicóloga. Esa focalización favorece un estado de calma y atención plena, similar al que se busca con prácticas como el mindfulness o la meditación.

En ese marco, una ducha breve, con agua tibia y en un ambiente oscuro puede ayudar a disminuir la activación mental y preparar al cuerpo para el descanso nocturno. “Una mayor producción de melatonina y una baja del cortisol, que es la hormona que nos mantiene en alerta, bajaría nuestras alertas y ayuda al sueño”, sostuvo.

No obstante, Papuchado remarcó que no se trata de una recomendación universal ni de una práctica que deba adoptarse automáticamente solo porque esté de moda. “No es algo que sea una práctica absolutamente hecha por todo el mundo, es algo que recién se está estudiando”, advirtió.

La especialista señaló que la evidencia científica todavía es limitada. “Por ahora, el único respaldo científico probado es el que realizó la Universidad de Kioto”, indicó, y subrayó la importancia de diferenciar entre tendencias virales y certezas médicas.

También advirtió que existen contraindicaciones claras. No se recomienda ducharse a oscuras a personas con problemas visuales, quienes padecen fobias, personas con trastornos de ansiedad, ni a quienes presentan dificultades de movilidad, ya que en esos casos la experiencia puede resultar contraproducente y aumentar la sensación de inseguridad o malestar.

Para quienes sí estén en condiciones de probarla, Papuchado indicó que existen pautas concretas: las duchas deben ser cortas, preferentemente por la noche y con agua tibia. “Tiene condiciones”, explicó, y aclaró que el objetivo no es permanecer largos períodos a oscuras, sino generar un momento puntual de relajación previo al descanso.

Desde su mirada clínica, la clave es no convertir esta práctica en una receta mágica ni en una obligación. “No puede ser algo que porque esté de moda lo haga todo el mundo”, enfatizó, y recomendó evaluar siempre el contexto personal y consultar con profesionales si existen antecedentes de ansiedad, ataques de pánico o dificultades de orientación.

La psicóloga también destacó que este tipo de prácticas se inscriben en una búsqueda más amplia de bienestar emocional en una sociedad atravesada por el estrés, la hiperconectividad y la sobreestimulación constante. “Cuando estas prácticas aparecen y se ponen de moda, uno tiene que buscar cuál es el fundamento científico que tienen”, sostuvo.