La historia deportiva de Luis Sigüenza no se entiende sin detenerse en un momento bisagra: el accidente que lo obligó a bajarse de la moto y a replantear su vida desde otro lugar. Antes de convertirse en referente del mountain bike tucumano y campeón nacional, su mundo giraba alrededor de la velocidad, los circuitos y el motociclismo de pista.

Recuerda con nostalgia aquella etapa, sus primeros roces con el deporte de alto nivel. “Yo corría en moto, hacía motociclismo de velocidad; incluso me tocó competir a nivel nacional”, evocó. Pero todo cambió en 2008, con un suceso que le resulta imposible olvidar. “Tuve un accidente muy grande. Choqué dos autos y sufrí lesiones múltiples: me quebré el fémur, tuve problemas en los riñones y líquido en los pulmones”, relató. Las consecuencias fueron severas: una prótesis en el fémur y un proceso de rehabilitación largo, física y mentalmente agotador.

El consejo que lo cambió todo 

En ese período apareció una frase que lo empujó hacia un nuevo camino. “Le dije al doctor que ya me estaba secando la cabeza la rehabilitación, que no aguantaba más. Y él me respondió: ‘Agarrá la bicicleta, no tiene impacto y te va a fortalecer’”, contó. Ese consejo, casi casual, terminó siendo decisivo. “Ahí empezó todo. Es como que la bici me salvó la vida”, resumió.

El inicio estuvo lejos de cualquier ambición competitiva. “Arranqué como cicloturista, con una bici muy básica”, recordó. Sin embargo, el paso del tiempo y la constancia hicieron lo suyo. “Año tras año fui evolucionando, mejorando la bici, la suspensión, las cubiertas, todo”, explicó.

De a poco y con mucho sacrificio, la bicicleta dejó de ser solo una herramienta de recuperación y se convirtió en un eje central de su vida. “Lo que tiene la bici es que es una filosofía de vida”, afirmó. “Vas a la naturaleza, desconectás y volvés renovado. Es una terapia”. Incluso, según contó, ese aprendizaje se trasladó a lo cotidiano. “La carrera es como la vida: se te pincha la bici, se rompe algo y tenés que resolver. Eso te cambia la cabeza”, reflexionó.

Con el paso de los años, Sigüenza se consolidó en el mountain bike y encontró en Tucumán un terreno fértil para crecer. “El nivel que hay acá es impresionante; somos exportadores de talentos”, aseguró. A su vez, sostuvo que la provincia es una de las principales referencias del mountain bike en el país. “Tenemos cerros, circuitos y una gran cantidad de corredores. Acá no le envidiamos nada a nadie”, afirmó.

La noche que tocó el cielo 

Ese proceso tuvo uno de sus puntos más altos en Santa María, Catamarca, donde se disputó el Rally Nocturno Isidro Reyes, una competencia exigente, en parejas y de carácter nacional. Por primera vez, Sigüenza se quedó con el triunfo en su categoría. “Fue la primera vez que gané el nocturno”, confirmó. Y explicó por qué lo vivió de una manera especial: “Con mi compañero Sergio Kaleñuk nos propusimos ir a disfrutar de esa carrera tan particular. Pudimos cumplir con eso. Y cuando dejás de pensar en ganar, a veces se da”.

La prueba no fue sencilla. “Hubo caídas al comienzo, quedé muy atrás en la categoría y tuve que empezar a sobrepasar”, relató. De noche, todo se vuelve más complejo. “Solo ves luces, no sabés en qué posición vas. Hay médanos, piedras, y hay que navegar el circuito”, explicó. El acompañamiento fue clave. “Lucas González, mi masajista y asistente, me iba pasando información y eso me ayudó muchísimo”, destacó.

El triunfo tuvo un valor simbólico enorme. “Hace 14 años que hago ciclismo y este es mi primer logro a nivel argentino”, subrayó. “Es como tocar el cielo con las manos”, confesó.

Lejos de relajarse, el próximo objetivo ya está marcado. En marzo, Sigüenza viajará a Chile para competir en el Mundial de mountain bike, que se disputará en Chillán del 26 al 30. “Estoy entrenando con mi entrenador Miguel Hidalgo, sumando gimnasio, nutrición y masajes. Estamos muy dedicados”, aseguró.

A los 47 años, con una prótesis como recordatorio permanente del pasado, Sigüenza volverá a ponerse su casco y sus guantes para medirse entre los mejores del mundo. Lo hará sobre su bicicleta, el mismo vehículo que lo ayudó a levantarse cuando parecía que todo se había detenido.