La responsabilidad de salvar la especie recae en los líderes mundiales que pueden emprender acciones colectivas. La teoría fue expuesta por el profesor estadounidense, Stuart Russell, en la AI Impact Summit, la cumbre sobre Inteligencia Artificial (IA). El profesor de la Universidad de Berkeley, en California, expuso que la responsabilidad de salvar la especie recae en los líderes mundiales que pueden emprender acciones colectivas de manera tal que la IA tenga un crecimiento, sí, pero controlado y equilibrado.
Esta tecnología, que se desarrolla a gran velocidad, promete beneficios como el descubrimiento de fármacos, pero también podría provocar pérdida de empleos y el abuso en línea. "Creo que cada uno de los presidentes de las principales compañías de IA quiere desarmar (detener su progreso), pero no puede hacerlo de manera unilateral, porque los inversionistas los despedirán", añadió.
Sin acuerdos
Reuniones internacionales como la cumbre de IA que en 2026 tiene como escenario Nueva Delhi, India, ofrecen una oportunidad para regular la tecnología. En el caso de la AI Impact Summit, en sus tres ediciones anteriores, solo lograron acuerdos voluntarios por parte de las empresas tecnológicas. "Realmente ayuda que cada uno de los gobiernos comprenda este asunto. Y por eso estoy aquí", afirmó Russell. "Estamos creando imitadores humanos. Y la aplicación natural para ese tipo de sistemas es reemplazar a los humanos", insistió el experto.
Russell percibe un creciente rechazo a la IA, particularmente entre los jóvenes. "Ellos realmente están reaccionando contra los aspectos deshumanizantes de la IA. Cuando la IA asume todas las funciones cognitivas -capacidad de responder una pregunta, tomar una decisión, elaborar un plan, etc.- convierte a las personas en menos que seres humanos. Los jóvenes no quieren eso", subrayó.
La rápida proliferación de la IA en la sociedad está creando nuevos desafíos que exigen atención urgente. Los patrones tradicionales de empleo se alteraron a partir de la aparición de la IA. Los sesgos crecieron y se impulsaron aumentos exponenciales en el consumo de energía. Estos avances subrayan la urgente necesidad de ir más allá de los marcos aspiracionales hacia un impacto concreto y medible que aborde tanto las promesas de la IA como sus riesgos.