Raúl Guraiib atraviesa el momento más importante de su carrera. El hooker formado en el Jockey Club dio el salto al profesionalismo con la camiseta de Tarucas y vivió ante Selknam su debut en el Súper Rugby Américas, un estreno que marcó un antes y un después en su camino dentro del rugby.

El año pasado había sido una de las revelaciones del Regional A. Potente en el contacto, firme en las formaciones fijas y con una entrega que no negociaba nunca, Guraiib empezó a sonar fuerte cuando se armó el plantel de la franquicia del NOA. “El año pasado me habían dicho que había quedado como en la puerta, y este año tenía más expectativa de quedar. Cuando recibí el llamado de Álvaro (Galindo) se confirmó todo”, contó sobre esa convocatoria que terminó de cambiarle el horizonte.

Su estreno frente a Selknam no fue un partido más. Tarucas mostró una gran fortaleza en el scrum y él integró la primera línea junto a Benjamín Garrido, de Huirapuca, y Francisco Moreno, de Universitario. Allí, en esa zona donde se define buena parte del carácter de un equipo, el joven hooker encontró su lugar.

“El scrum es específicamente donde me gusta hacernos fuertes. Además, nos acompañan otros cinco primeras líneas que están muy bien preparados. Se armó un grupo de forwards muy lindo”, relató entre risas. Esa solidez fue uno de los pilares del triunfo ante los chilenos y dejó en claro que el pack tucumano puede competir de igual a igual en el plano internacional.

Pero el salto no fue sencillo. Guraiib insiste en que la diferencia entre el rugby amateur y el profesional se siente en cada detalle. “Es muy distinto. Se manejan otros tiempos, otro vocabulario, otra especificidad. Para mí ahora es crecimiento”, explicó. “Se trabaja con mucha más información, con mucho más detalle. Siempre exigiendo al máximo para que salga todo excelente”, agregó.

Las primeras semanas fueron un sacudón. “Estaba perdido, no sabía bien qué iba en cada ejercicio. Me costó adaptarme a la rutina, a cómo leer y entender los ejercicios, la rutina del día a día. Fue difícil, pero sí costó”, reconoció con honestidad. Ese proceso de adaptación, sin embargo, hoy lo siente como parte natural del aprendizaje.

El debut tuvo un condimento especial: la tribuna. “Estaba mi familia, mis tíos, todos mis amigos del club. Fue una sensación hermosa”, recordó. Mucho más para alguien que empezó casi por casualidad. “Llego al Jockey porque me quedaba cerca; una prima iba a jugar hockey, me llevaron un día a ver y me quedé”, dijo.

En Tarucas la competencia interna es fuerte, incluso en su puesto. Guraiib pelea por la camiseta número “2” con Juan Manuel Vivas, que ya estuvo la temporada pasada y se recupera de una lesión, y con José Calderoni, de Tigres de Salta. “Los otros dos hookers andan muy bien. Juan tiene un recorrido impresionante y José es un gran jugador”, valoró. Lejos de incomodarlo, esa competencia lo estimula. Entiende que en el profesionalismo nadie regala nada.

Mientras disfruta su presente, no se olvida de su club. El Jockey Club deberá disputar el 28 de marzo la Reválida del Torneo del Interior B frente a Universitario de San Juan. Guraiib no podrá jugar -una espina que admite con tristeza-, pero sigue de cerca el proceso que vive la institución.

“El club viene trabajando hace dos años en armar una base de jugadores para primera e intermedia, incluso para tener tres o cuatro planteles. Se armó la pre, que era lo que faltaba, y hoy hay muy buen número. Hemos ido cumpliendo objetivos y logramos la posibilidad de jugar la Revalida”, explicó. Además comparó la situación del Jockey con otras instituciones de la provincia. “Son clubes con mayor cantidad de jugadores, eso te permite rotar. Va a ser complicado, pero la experiencia se tendrá que hacer como salga”, indicó.

En medio de ese crecimiento, Guraiib reflexiona sobre lo que significa alcanzar metas. “Cumplir objetivos te da satisfacción y a la vez nuevos retos para plantearse”, afirmó. Y cuando habla de sueños, no duda. “Mi sueño sería poder ganar un Súper Rugby. Sería increíble. Pero integrándome al grupo, sumando experiencia y aprendiendo mucho, me quedo conforme”, dijo.

Con los pies en la tierra y la cabeza abierta al aprendizaje, el hooker que un día se quedó a entrenar casi por casualidad hoy empuja en los scrums del profesionalismo. Y en cada formación fija, mientras ajusta la postura y escucha la orden de entrada, confirma que el crecimiento no es solo una palabra: es el camino que eligió recorrer.