En 1853, un italiano apodado “El Gringo de la Ciudadela” se estableció en un terreno baldío detrás de la casa de Jesús, en calle La Madrid al 1.100 en Tucumán (Ver Recuerdos fotográficos del 10 de enero). Este personaje misterioso  robaba cadáveres del cementerio local, ubicado en la actual esquina de las calles Mendoza y Salta, para extraerle la grasa y fabricar jabones de manera rudimentaria. Aclaro que dicho “Gringo” salía a robar cadáveres, empujando una carretilla con un ataúd o un bulto tapado con paños negros. La policía finalmente lo capturó en unos pajonales sobre la calle San Lorenzo, después de que no se detuviera a la voz de alto. La historia del “Gringo de la Ciudadela” es un ejemplo de cómo la realidad puede superar la ficción.

Rodolfo Ruarte                                                                        

Las Heras 516 - S. M. de Tucumán