En la sesión del viernes en la Cámara de Senadores no se votó a favor o en contra de la reforma laboral sino a favor o en contra de una de las versiones de ese proyecto. Pareciera que en el calor del debate a varios legisladores se les olvidó la Constitución Nacional y lo mismo ocurrió con los medios de comunicación que presentaron el caso como un sí o un no a la nueva ley. Tras la votación de la Cámara de Diputados una semana antes ya no había posibilidad de rechazo.
El artículo 81 de la Constitución establece, entre otras cosas, que “Ninguna de las Cámaras puede desechar totalmente un proyecto que hubiera tenido origen en ella y luego hubiese sido adicionado o enmendado por la Cámara revisora”. Es decir, un proyecto puede ser rechazado solamente en dos ocasiones. Una, si ganan los votos en contra en la cámara de origen; la otra, si ganan los votos en contra en la cámara revisora. Pero si hay un proyecto aprobado en la primera y modificado en la segunda, listo. La cámara de origen sólo puede insistir con su propia versión o aceptar la modificada. No hay otra alternativa.
Con la reforma laboral, el viernes se expuso un dictamen de comisión que proponía aceptar las reformas de Diputados. Nada más. Votar “sí” era concordar con la versión revisada, votar “no” era insistir con la versión original. Es decir, quienes eligieron el “no” en realidad prefirieron el dichoso artículo de las licencias médicas en vez de rechazarlo. Daba lo mismo cualquier forma para las opciones. Por ejemplo, insistir, sí o no. Gana el sí, vale la versión original del Senado; gana el no, rige la versión de Diputados. Lo equivalente fue lo que ocurrió: aceptar las enmiendas, sí o no. Gana el sí, vale la versión de Diputados; gana el no, rige la versión original del Senado.
Sobre eso hubo un cruce de opiniones entre senadores, tanto oficialistas como opositores, por un lado, quienes decían que “sí” era aceptación del proyecto y “no” era rechazo del mismo, y Victoria Villarruel por el otro, quien sostuvo correctamente la posición constitucional.
Al final, lo pinten como lo pinten, formalmente el kirchnerismo votó a favor de la versión más dura de la reforma laboral.