En el mundo del vino, todo empieza con una decisión: la de plantar una vid, la de esperar la cosecha, la de elegir el momento exacto para la vendimia. Sin embargo, también hay decisiones humanas que pueden definir el rumbo de una industria. Así lo entendieron Nicolás Gramajo e Ignacio Tena, dos jóvenes enólogos tucumanos egresados de la carrera de Enología y Viticultura del Instituto de Educación Superior (IES) de Colalao del Valle, quienes se propusieron cambiar el destino de la vitivinicultura provincial. No se conformaron con aprender el oficio, se animaron a cuestionarlo. Preguntaron por qué el vino tucumano no tenía el lugar que merecía y fueron más allá. Y en lugar de esperar respuestas, salieron a buscarlas.
El camino no fue sencillo. Gramajo, oriundo de Tafí Viejo, recuerda las caras de asombro cuando decidió migrar "para arriba", en dirección contraria a la corriente: "Todo el mundo decía: '¿Cómo puede ser que alguien de abajo vaya para arriba?'". El año pasado se recibía y se convertía en el primer estudiante de fuera de los Valles Calchaquíes en apostar por la carrera. Su paso por la presidencia del centro de estudiantes durante marcó el inicio de un liderazgo que hoy lo tiene a punto de lanzar sus propias líneas de vino: cabernet sauvignon, malbec y torrontés, con una partida inicial de más de 1.000 botellas por varietal, selladas con lacre en lugar de las cápsulas tradicionales. "Es un toque nuevo, más juvenil, un distintivo propio", explica.
"Nacho", de 22 años y recibido en mayo de 2025, decidió quedarse en su pueblo cuando muchos jóvenes emigran a la ciudad. Sin tradición familiar en el rubro, eligió formarse en lo que define como "la principal producción del pueblo". Hoy colabora con varias bodegas y forma parte de la Cooperativa Agroindustrial de Colalao del Valle. El proyecto que compartió con Gramajo, "El Cacán" (que significa "madre tierra"), comenzó como una vinoteca móvil en la plaza principal para comercializar exclusivamente vinos tucumanos y educar al turista. Ahora le puso una pausa para enfocarse en producir su propio vino bajo esa misma marca.
La "nueva enología"
Ambos coinciden en un concepto: la "nueva enología" no se limita a la elaboración, sino que abraza la experiencia completa. "Hoy los que nos visitan no solo buscan degustar, sino entender el lugar, la historia, la cultura y qué hay detrás de cada botella", sostiene Tena.
En 2024, ambos viajaron a Francia gracias a un intercambio gestionado por el Ministerio de Educación, la Secretaría de Relaciones Internacionales, la Legislatura y la comuna de Amaicha del Valle. Durante 19 días, visitaron el Instituto Edgard Pisani en el Valle del Loira y la imponente ciudad de París. El contraste fue impactante.
"Allá todo es mecanizado, tienen tres laboratorios, edificios enormes", describe Gramajo. Tena agrega: "Lo que más me impactó fue la tecnología y el acompañamiento del gobierno". Sin embargo, ambos volvieron orgullosos de su tierra. "Pensar que acá, con lo poco que tenemos, logramos una calidad de vino tremenda", afirma Tena.
"Nosotros, con nuestro clima, logramos vinos espectaculares sin necesidad de grandes tecnologías. No tenemos nada que envidiarles", destaca Gramajo. Tena resume la lección: "Entendí que no se trata de copiar modelos europeos, sino de fortalecer lo propio. Tucumán tiene todo para posicionarse con una personalidad propia".
Pero no les hizo falta cruzar el océano para encontrar un referente en la vitivinicultura. Para los winemakers el espejo donde mirarse está mucho más cerca, en el mismo Colalao del Valle. Se llama Luis Rolando Díaz, el alma de Altos La Ciénaga. Gramajo, que ha construido una relación cercana con “Rolo”, define sus vinos como "una maravilla del mundo". Tena valora especialmente cómo transformó el vino patero de su padre en un producto de excelencia sin perder la esencia, y cómo comunica esa historia con una honestidad que trasciende la botella. En un medio donde el hermetismo suele reinar, “Rolo” demuestra que la grandeza también se mide por la capacidad de compartir. Para esta nueva generación, su ejemplo es la prueba de que la identidad, cuando es genuina, no necesita imitar a nadie.
El terroir tucumano y el futuro
Ambos coinciden en que la identidad del vino tucumano está en su carácter robusto, el color intenso y los aromas profundos, producto de la altura, las horas de sol y la amplitud térmica. "En otras provincias están bajando el cuerpo para satisfacer al turista porteño. Nosotros tenemos que salir con lo nuestro", sentencia Gramajo.
El vínculo con Francia continúa con algunos de los estudiantes que hicieron el intercambio y se quedaron más de una semana en los Colalao. Charlene Guyonneau, la joven que se tatuó una botella de vino tucumano, es una de ellas. La joven comparte sus conocimientos con Gramajo. "Seguimos hablando casi todos los días; voy agarrando mucha de la información de marketing que me pasa para incorporar en mis proyectos", cuenta.
Mirando hacia adelante, ambos tienen sueños concretos. Gramajo anhela instalar una bodega en Tafí Viejo, donde ya se plantaron vides adaptadas al clima tropical. "No va a ser un vino robusto como el de los Valles, sino más delicado, espectacular y muy tomable para los que recién inician", proyecta.
Tena, por su parte, seguirá impulsando "El Cacán" y la cooperativa, convencido de que "desde un pueblo como el nuestro, también podemos proyectarnos al mundo". En esa convicción, la nueva generación de enólogos tucumanos ya está dejando su huella. Cómo define Tena: "La altura nos da el carácter, el clima nos da la intensidad y nuestras manos le dan la identidad".