Carlos Duguech

Analista internacional

Todo lo que ocurrió desde el sábado 28 de febrero pasado con el bombardeo a Irán es consecuencia tardía de una determinación del propio Donald Trump de los tiempos de su primera llegada a la Casa Blanca. Lo de Irán -y sus incidencias en otros centros del Medio Oriente en este tiempo- fue gestado a partir de una decisión de errática previsión. Desde que el presidente –sin formación siquiera mínima en las cuestiones que abordó como si fuese un negocio de compraventa- anunció la retirada sorpresiva de su país del Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA). Ese formidable y exclusivo plan también conocido como el “acuerdo nuclear con Irán” del 8 de mayo de 2018, apenas transcurridos los quince meses de su primer mandato. Inexperto aún en lides internacionales, sucumbió admirador del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, el muy experimentado primer ministro israelí que devino en ejercer de consejero extra legem del presidente de Estados Unidos.

Citó -en abono de su deserción del “acuerdo nuclear iraní”- los documentos presentados por el líder israelí que referían a un supuesto programa nuclear conforme surge –lo expresaba Netanyahu- de un conjunto de 100 documentos de los archivos copiados por los espías israelíes.

En suma: un recién llegado a la política y desde la White House salva sus carencias en política exterior con el apego a un campeón del internacionalismo: Netanyahu.

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El ahora aliado de Estados Unidos en el “crimen de agresión” contra la República Islámica de Irán. Este columnista prefiere llamar por su nombre a los bombardeos israelo-norteamericanos, porque la “guerra” recién cobra entidad propia cuando Irán responde con sus ataques misilísticos a muy variados y distantes objetivos del Medio Oriente.

Nunca antes

El Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA) demandó casi dos años de deliberaciones y encuentros entre representantes de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad (CS) de la ONU, ¡Nada menos! Más la “locomotora de Europa”, la Alemania de la Merkel. Por esos tiempos el plan era un portentoso logro de la diplomacia. Nunca antes en la historia de las relaciones internacionales se registra un plan con tantas potencias en torno a un tema de control de armas de destrucción masiva. Y, para más, con cinco poseedores de arsenales nucleares (de los nueve existentes, incluido Israel) que en el Tratado de No Proliferación Nuclear (Rige desde el 50/03/1970) se comprometen al desarme… lo que no ocurre, todavía. Pese a los intentos del Tratado de Prohibición de las Armas Nucleares vigente desde 22-01-21 por la ratificación del estado número 50. Como se sabe los estados con armas nucleares boicotearon el tratado y nunca lo firmaron, Israel incluido. Argentina tampoco es parte.

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Se puede colegir, sin demasiada imbricación de datos de la realidad y políticas desarrolladas por las superpotencias, que si no hubiese “pateado el tablero” (viene muy bien es modismo expresivo, referido a Trump) el entonces “novato” político estadounidense, hoy, muy probablemente no habría espacios ni tiempos para el estado de guerra que conmueve al mundo. Tanto como los ataques mortíferos e impiadosos de Israel contra la población en Gaza que nos lleva, nostálgicos, a reflotar los versos de un tango que consagró Gardel con el poeta Alfredo Le Pera: “Y el mundo sigue andando”. Como seguía andando mientras el genocidio –que no una guerra- en Gaza, con 70 mil víctimas mortales.

Porque en “el mundo” se habla de “guerra” no obstante el inicio brutal (en respuesta al brutal 7-10-23) catalogado en el derecho internacional como “crimen de agresión”.

EE.UU.-Irán: negociaciones

Un martes de febrero (17-02-2026) comenzaba en Ginebra (Suiza) otra ronda (la segunda) de las negociaciones sobre el programa nuclear iraní entre representantes de los EE.UU. e Irán, con la mediación de Omán. Claro que no era un clima distendido. Estados Unidos representado por Steve Witkoff y el yerno de Trump, Jared Kushner. La delegación de Irán estaba presidida por su ministro de Relaciones Exteriores Abás Araqchi. Y, como siempre en cuestiones de esta índole y ligadas a “Irán nuclear” fue consultado por la Delegación de Estados Unidos el director general del OIEA (Organización Internacional de Energía Atómica) el argentino Rafael M. Rossi, candidato en campaña para el secretariado general de la ONU (2027).

Plazo incumplido

Una voz tonante impuso un plazo cierto de diez días para que Irán acepte las condiciones que se le imponían en las “negociaciones” para que el estado islámico restrinja su gestión nuclear sólo para fines civiles. Caso contrario Estados Unidos desencadenaría toda su furia militar. El “plazo” de Trump amenazante lanzado el 19 de febrero vencía (los diez días) el 1° de marzo. Sin embargo los ataques de Estados Unidos e Israel llovieron en territorio iraní el sábado 28 de febrero. Incumplido el plazo por quien lo impusiera, nada menos, el crimen de agresión resuelto por Trump y Netanyahu fue concretado como si se tratara de una operación bélica muy bien preparada. Y, lo era, en verdad, sólo con advertir el fenomenal despliegue de equipamiento bélico de todo tipo en la zona. En Ginebra se intentaba negociar mientras tras bambalinas toda una artillería desmesurada aguardaba con los motores calientes para el ataque, por los socios en la cruzada criminal. “Derecho Internacional”, “Soberanía”, “Declaración de guerra”, para Trump y su aliado estratégico sólo conceptos “bajo siete suelas”.

Perversa traición

¿No es mucho? No, para calificar el accionar en paralelo de Trump y Netanyahu con el crimen del bombardeo del 4 de marzo a una escuela primaria de niñas y otros edificios en Minab, ciudad iraní a 1.100 kilómetros de Teherán. Asesinaron a 165 personas, la mayoría de ellas niñas. Para la ONU el “crimen de agresión”, que de eso se trata el ataque asociado decidido por Trump y Netanyahu, es “el uso ilícito de la fuerza armada por un Estado contra la soberanía, integridad o independencia de otro, en violación de la Carta de la ONU”. El derecho internacional resulta socavado a dentelladas perversas con acciones violatorias, abiertamente, (como en el caso de Irán), de la soberanía de los países atacados.

1-No hubo declaración de guerra previa, sólo grotescas amenazas.

2-Se estaba negociando aún (en Ginebra), de palabra, no a los tiros, valdría aclararlo por si acaso se malinterpreta el fondo. Y, es apropiado remarcar: dentro del plazo comunicado y publicitado a los cuatro vientos por los agresores.

3-Hubo una coalición, desde dos puntos cardinales distintos (Estados Unidos e Israel) y que actuaron coordinadamente, al unísono.

¿Rendición incondicional?

Envalentonado -no hallamos más adecuada palabra- Donald Trump exige la “rendición incondicional” de Irán. Tal como si en un “guerra convencional” (¿Existirá eso todavía?) y luego de una continuada escalada del belicismo por uno de los bandos, se estuviera en tal condición desventajosa que en bandeja le sirve, al contendiente al que le va ganando, su rendición. Y con clamor de piedad. No es el caso. El que es exigido de rendirse, y sin condiciones, para más, sólo sufrió del pretendiente de la victoria total un brutal crimen de agresión, asociado con Israel que, por ahora, no le exigió “rendición”. Y, por si fuera insuficiente, declara el millonario y excéntrico presidente que “sobrevendría un tiempo en que nos abocaríamos a la selección de un líder o líderes”. A un país con un régimen teocrático (chiita) desde febrero de 1979 (casi medio siglo) ¡Mr. Trump le dibujaría su esquema de gobierno y le sugeriría (o impondría) sus gobernantes! Nada menos que ese detalle de la megalomanía ya indisimulable del mandamás que no acepta ni aceptará ser el “mandamenos”. Vaticino: puede ser el fin de un Trump avasallador, imprudente. Tirano.

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Una columna que escribimos para El Nuevo Herald (Miami) publicada el 10-06-2017 titulamos “Israel, la soberbia de un estado”. Gobernaba el mismo Netanyahu. Hoy, titularía de igual modo una columna sobre ese estado que corre, por estos tiempos y por peligrosa y arriesgada gestión de su primer ministro, un grave riesgo por sus políticas con sus cercanísimos vecinos palestinos, en vías de total colonización ilegal y de alto riesgo.