Steve Carell no aceptaba un protagónico en TV desde los felices tiempos de “The office”. En “The morning show”, por caso, no dejó de ser una extraordinaria y central pieza de reparto, allanado al fulgor de Jennifer Aniston y Reese Whiterspoon. Así que tras descartar guiones y proyectos, sin comerse la afiebrada prisa con la que actúan las plataformas, Carell aguardó que le cayera un papel a medida. Y le llegó, claro.

“Rooster” se estrenó el domingo en un prime time de HBO Max al que le sacó brillo durante el verano “El caballero de los siete reinos”. De la épica de Westeros saltamos a un campus universitario, micromundo al que Carell -escritor de exitosas novelas pasatistas- llega para consolar/aconsejar/respaldar a su hija docente, traicionada y en crisis por la infidelidad de su esposo.

Otros éxitos

El equipo creativo de “Rooster” es el mismo que construyó éxitos como “Scrubs” y -sobre todo- “Ted Lasso”. La fórmula es idéntica: estructura de sitcom sin ser una sitcom, muy graciosa sin ser una comedia, dramática sin ser trágica. Dramamedy le dicen en inglés al género. Los gags funcionan y la historia, articulada a toda velocidad, irradia buenos e imprescindibles personajes secundarios (en especial el insólito decano interpretado por John C. McGinley y el policía del campus, a cargo del gran Rory Scovel).

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“Rooster” es tierna, inteligente y -felizmente- para nada pretenciosa. Ideal para el lucimiento de un Carell maduro, querible en sus torpezas ocasionales, sus contradicciones y su vulnerabilidad. Y hay química con Charly Clive, quien le da vida a su hija. También, de soslayo, sin profundizar demasiado, sobrevuela la mirada entre irónica y cínica a ese universo tan particular de los campus universitarios, sus costumbres y la fauna que los habita.