¿Qué conviene estudiar hoy? ¿Tu carrera tiene futuro? ¿Tu profesión va a sobrevivir a la inteligencia artificial? Cuando te recibas, ¿te vas a quedar en Tucumán o vas a buscar oportunidades en otro lugar? Las preguntas se repiten entre estudiantes que están tomando —o intentando tomar— una de las decisiones más importantes de sus vidas. Elegir una carrera es un dilema que crece al ritmo de la incertidumbre económica y la velocidad del mundo laboral.
Esta nota reúne las miradas de estudiantes tucumanos frente a esas dudas: qué pesa al elegir una carrera, qué futuro proyectan y qué lugar le ven a Tucumán en ese camino. Es apenas la primera parte de "¿Qué estudiar hoy? Entre la vocación y un mercado laboral que se transforma". Se trata de una serie de notas de LA GACETA que, a partir de voces jóvenes, autoridades universitarias, referentes de la educación no tradicional, especialistas y distintas historias de vida, busca entender la odisea de estudiar para el futuro. En los próximos días, cada enfoque sumará una pieza a un informe-documental que se publicará el 1 de abril.
Un mercado laboral que condiciona
La preocupación no es solo individual. Un informe de Junior Achievement Argentina y ManpowerGroup (octubre 2024) muestra que nueve de cada 10 jóvenes tienen dificultades para conseguir trabajo. La falta de experiencia, los horarios de estudio y la escasez de vacantes son las principales trabas.
Con ese escenario, terminar una carrera ya no garantiza estabilidad. Apenas el 13% de los jóvenes de entre 19 y 25 años accede a un empleo formal, y 7 de cada 10 aceptan trabajos que no les gustan.
Sorpresa en inscripciones: la carrera corta que cada vez más estudiantes eligen en 2026En Tucumán, ese clima se siente en las aulas. Entre estudiantes de entre 17 y 31 años aparece una tensión constante entre vocación y futuro económico. No es que el gusto haya desaparecido, pero el factor económico pesa cada vez más.
“Si no te da plata, no sirve”, dice Luciano Zolohaga, de 21 años, estudiante de Ingeniería en Informática de la Unsta. Sofía Monarca, de 22 años y estudiante de Abogacía de la UNT, lo resume: “Tener un título no te asegura el futuro, ese es un miedo que tenemos muchos”.
¿Tu carrera tiene futuro?
En medio de esa incertidumbre, muchas elecciones están atravesadas por lo que “conviene”. Las carreras tecnológicas aparecen como una apuesta fuerte.
“Todo ahora avanza muy rápido y a veces seguirle el paso es difícil, pero con capacitación constante nunca quedás obsoleto”, sostiene Gala Borquez, de 22 años, estudiante de Ingeniería en Sistemas en la UTN.
Para ella, el mapa del futuro es claro: “Las carreras que más futuro tienen son ciberseguridad, programación, medicina y psicología”. Y suma un punto clave en el debate: “La inteligencia artificial no puede hacer el trabajo de un psicólogo o un contador”. También pone el foco en oficios que siguen siendo necesarios: electricistas y plomeros.
No todos miran en la misma dirección. Victoria Medina, de 18 años, cree que las carreras con más salida siguen siendo las tradicionales: “Medicina y abogacía son claves”, dice. Y marca otras que, según su mirada, pierden terreno: traductor de inglés y diseño gráfico.
Carrera de la UTN a distancia: dura dos años y tiene salida laboral en empresas y el sector públicoJuan Pablo Torres Díaz, estudiante de Ingeniería en Sistemas de 19 años, relativiza la idea de que solo lo técnico tiene futuro: “El futuro es incierto, pero vamos a encontrar las herramientas. Carreras como administración o psicología van a seguir siendo importantes”.
Y para quienes todavía no saben qué elegir, deja una recomendación concreta: “Hacer un test vocacional. Hay muchos lugares donde se puede hacer, por ejemplo en la Casa del Estudiante (NdlR: ubicada en General Paz 826) y es gratis”.
¿La inteligencia artificial reemplaza o transforma?
La inteligencia artificial atraviesa todas las conversaciones. Para algunos, genera incertidumbre; para otros, es una oportunidad.
“Hay que adaptarnos, porque la inteligencia artificial viene aplastando muchos trabajos. No va a quedar exento el nuestro”, advierte una de las estudiantes consultadas.
Sir Karen, contadora recién recibida, aporta otra mirada: “La IA ayuda, pero el ojo crítico humano es irremplazable”. Y agrega: “Actualmente la uso como herramienta en mi trabajo”.
Lucas Domínguez, de 18 años, estudiante de Contador Público, coincide: “Muchas tareas las puede hacer una máquina, pero alguien tiene que guiarla”.
Milagros Barraza, que empezó Psicología, lo ve como una ventaja: “Nos va a beneficiar, no reemplazar. Tenemos que saber manejarla porque va a dominar el mundo del día de mañana”.
En ese cruce aparece una idea común: la tecnología no elimina profesiones, pero obliga a transformarlas.
¿Quedarse en Tucumán o irse?
Otro cambio fuerte es la forma de trabajar. La posibilidad de empleo remoto amplía el horizonte más allá de Tucumán.
“El trabajo remoto te permite vivir donde quieras. Tengo amigos que hacen así”, cuenta Maximiliano Pacheco de Ingeniería en Sistemas.
Yanina Villena, de 22 años, que estudia Marketing, proyecta más lejos: “Me gustaría irme a Europa, como Bélgica o Italia, porque siento que hay más oportunidades laborales fuera de Tucumán”.
La migración —física o virtual— aparece como una salida frente a un mercado local limitado.
Las habilidades del futuro
Si hay algo en lo que la mayoría coincide, es en que el título, por sí solo, ya no alcanza. “Las redes y generar contenido van a ser habilidades clave”, dice Yanina.
Trabajo en Argentina: estos son los puestos con más salida laboral en 2026“La única habilidad necesaria para el futuro es la capacidad de adaptarse”, plantea Mercedes Blasco, estudiante de Ingeniería Industrial de la Unsta. Esa idea se repite: aprender a aprender, reinventarse, incorporar herramientas nuevas y combinar saberes.
Entre lo que gusta y lo que conviene
Algo que no cambia es el miedo ante un futuro incierto. “Por ahí tenemos miedo a elegir carreras largas, de cinco o seis años, aunque nos gusten de verdad”, plantea Lourdes Chávez. Y explica por qué: “Muchos jóvenes necesitan trabajar rápido, entonces terminan buscando algo más corto”.
La tensión no desaparece. Se transforma. Algunos priorizan la salida laboral. Otros, la vocación. La mayoría intenta equilibrar ambas cosas. “Elegí la carrera porque era lo que había, no por vocación”, reconoce Luciano.
Su frase ya no suena como una certeza, sino como parte de un dilema más grande: la necesidad económica pesa, pero no logra borrar del todo la búsqueda de sentido.
En un escenario incierto, donde las reglas cambian rápido y el futuro no está garantizado, elegir qué estudiar ya no es solo proyectar una carrera. Es, cada vez más, intentar construir una vida posible.
Producción audiovisual y placas: Agustina Garrocho y Álvaro Medina.