La semana comenzó con menos agitación que las últimas dos anteriores en cuanto a lo político y lo institucional. Hace dos semanas los cimientos de La Madrid crujían bajo el agua y sus habitantes se guarnecían sobre la ruta. Eso, sumado al escándalo por el “efecto Pichón” y a la visita de Javier Milei, puso a Tucumán en el foco de las noticias nacionales. No fueron días fáciles para el gobernador, que vio cómo opositores y el sector del peronismo que reniega de su postura dialoguista con Milei salieron a pegarle y a maximizar la desgracia de los inundados con el único objetivo de hacer política con ello. Osvaldo Jaldo no tuvo descanso y se ocupó de azuzar a su tropa propia para ordenar el frente interno y no dejar ningún flanco abierto ante el embate de sus detractores.
Sin embargo, el paso del Presidente por el cierre del Fenoa 2026 dejó un sedimento político que merece ser tamizado. Milei evitó criticar la la gestión local. Por el contrario, su visita funcionó como un bálsamo inesperado para la Casa de Gobierno tucumana y un trago amargo para aquellos libertarios de “paladar negro” que esperaban una señal de guerra contra el oficialismo provincial.
Ese silencio no fue una distracción; fue una declaración de principios geopolíticos: a los aliados estratégicos se los cuida, incluso con el mutismo.
Para Jaldo, ello representó una victoria política. Mientras los sectores del “fuego amigo” e internos del PJ intentaban hacer leña del árbol caído con la exposición negativa de la provincia, Milei optó por validar al gobernador a través de la indiferencia crítica. Con su omisión, el Presidente ratificó que Jaldo es el aliado que le saca las papas del fuego en el Congreso. En la realpolitik libertaria, un voto en el recinto vale mucho más que una proclama ética sobre el sistema político tucumano.
El enemigo de Milei
Donde Milei sí fue explícito fue en la construcción de su alter ego para 2027. Al reafirmar que su enemigo es el “socialismo” o los “zurdos”, el Presidente terminó de blanquear su estrategia de supervivencia: necesita que el kirchnerismo siga vivo y sea su único retador.
Los gritos de la política y cómo Jaldo, Milei y Catalán destaparon la ollaPero quizás el dato más relevante para el calendario electoral que se avecina fue el encumbramiento de Patricia Bullrich. El elogio desmedido en el Hilton a la mujer que “declinó sus intereses personales” no parece un gesto de cortesía, sino un movimiento de piezas en el tablero nacional. Perfilar a Bullrich como posible compañera de fórmula para el año próximo no solo le da músculo político, sino que envía un mensaje a las provincias: la “casta” se recicla si es funcional al modelo de “inflación cero”.
Mientras tanto, los libertarios tucumanos tendrán que esperar para oír críticas más severas del Presidente contra los peronistas tucumanos. Milei entiende que, para mantener su plan de continuidad, necesita mantener aceitado el diálogo con los gobernadores “colaboracionistas”.
El cierre del Fenoa 2026 dejó en claro que la estrategia de cara al año electoral ya está en marcha. Tucumán, con su posible adelantamiento de comicios, será el laboratorio de esta extraña simbiosis entre un liberalismo doctrinario en lo nacional y un pragmatismo conservador en lo local.
Javier Milei llegó a Tucumán y fue recibido por el gobernador Osvaldo JaldoJaldo ha pasado la prueba de fuego de la visita presidencial con éxito, logrando que el “león” rugiera contra los fantasmas del socialismo lejano, pero que guardara las garras frente a las falencias del sistema tucumano. Para el gobernador, el silencio de Milei fue el mejor de los aplausos. Para los tucumanos que esperaban un cambio en las formas de hacer política, el silencio fue, simplemente, una confirmación de que en el poder, las lealtades se compran con votos y se pagan con olvidos.