La condena a 15 años de prisión contra Santiago Martínez, ex concursante del reality Love is Blind, por el intento de femicidio de su expareja Emily Ceco, marcó un punto de inflexión tanto en la opinión pública como en el debate sobre los controles en los programas de entretenimiento.
La sentencia, dictada este miércoles y en línea con el pedido del abogado de la víctima, Roberto Castillo, fue recibida con profunda emoción por Emily, quien habló con Infobae en las primeras horas del día. “Cuando acabás de leer los años que le dieron y por qué está detenido, que va a estar detenido durante 15 años porque intentó matarme, me emociona todavía”, expresó.
El testimonio de la joven reconstruye una relación atravesada por una escalada de violencia que comenzó de forma sutil. Según relató, los primeros indicios fueron de maltrato psicológico y emocional, que rápidamente derivaron en agresiones físicas. “Arrancó de menor a mayor, pero con una velocidad impresionante que no llegué a darme cuenta lo que estaba pasando”, explicó.
En ese contexto, describió un patrón repetido de manipulación y justificación por parte de Martínez, quien se presentaba como víctima de sus propios conflictos personales. “Siempre él víctima, siempre él, que lo disculpe porque estaba emocionado, porque la estaba pasando mal... hasta que se estaba muriendo su padre y hasta lo entendía en algún momento. Después dije no, cuando ya me estaba matando”, relató.
La violencia, según su reconstrucción, se sostuvo en el tiempo y se profundizó con mecanismos de aislamiento y humillación. Con el avance del proceso judicial, Emily también tomó contacto con otras ex parejas del acusado, quienes describieron experiencias similares. “Él siempre se comportó así con todas sus parejas”, aseguró.
Entre esos testimonios, mencionó el caso de Pamela, quien habría sido agredida durante unas vacaciones en Brasil. “La agarró de los pelos y la arrastró una cuadra por San Pablo. La dejó desfigurada”, contó. También hizo referencia a Nicole, quien habría sufrido control, violencia física e intimidaciones, y a Carolina, que decidió irse del país por temor.
El impacto de la causa también se refleja en su vida cotidiana. Al ver fotos del pasado junto a Martínez, expresó rechazo y dolor. “No me gustan para nada, porque yo le compartí lo mejor de mí y él me lo devolvió de esta manera”, sostuvo.
De cara al futuro, manifestó su deseo de reconstruir su vida afectiva sobre bases distintas. “Espero conseguir una persona con valores, educación, que valore cada segundo que le comparto. Formar una familia. No pido nada fuera de lo normal”, afirmó.
El caso también puso el foco en los mecanismos de selección de participantes en realities. Emily explicó que la producción exigió antecedentes penales y pericias psicológicas a todos los concursantes. Sin embargo, en el caso de Martínez, no había registros formales de denuncias previas, en parte porque, según indicó, otras víctimas no avanzaron por miedo.
Además, señaló que, a diferencia del resto de los participantes, él fue sometido a dos evaluaciones psicológicas. “Los 31 participantes restantes hicimos una sola pericia. En su caso, tuvieron que hacer dos. La primera dio desfavorable, pero insistieron para que ingrese”, explicó.
Para la joven, la decisión respondió a la búsqueda de perfiles fuertes sin medir adecuadamente los riesgos. “Es peligroso porque les gustan los personajes con personalidad fuerte y tal vez no se mide qué tipo de persona es”, advirtió.
Tras el caso, la producción modificó algunos criterios: cambiaron de psicólogo y retomaron el esquema de una sola evaluación por participante. Aun así, Emily consideró que el problema central fue la conducta de Martínez, que no contaba con antecedentes formales.
Finalmente, la joven remarcó la necesidad de respuestas judiciales más rápidas ante denuncias de violencia de género. “A la primera denuncia con pruebas, que lo detengan, porque si no después lamentamos víctimas y las madres las están llorando pidiendo justicia”, concluyó.