Una encuesta de Deloitte (una de las cuatro consultoras más importantes a nivel mundial) a más de 23.000 jóvenes de todo el mundo revela que el equilibrio entre vida y trabajo es la principal prioridad profesional de la Generación Z (1995-2010) por encima de la progresión en la carrera. Solo el 6% de los habitantes de Noruega aspira a llegar a un puesto de liderazgo como objetivo primario. Para esta generación, trabajar bien no es sinónimo de trabajar más.
El cambio de paradigma noruego no es por una cuestión de no querer trabajar porque sí, es visto como una evolución lógica del trabajo, hasta incluso considerada sana e inteligente. Así desdramatizar los preocupantes datos que indican porcentajes elevados de baja por enfermedad y trastornos mentales.
En consecuencia, la productividad no es de calidad con personas que tienen ese esquema. Ya con las reducciones adoptadas, se notó que quizás no se produzca más, pero tampoco se registran caídas en los índices de rendimiento.
La prueba
En 2024, se puso en marcha el primer programa piloto noruego de semana laboral de cuatro días. Durante seis meses se trabajó bajo el modelo 100:80:100 (el 100% del salario, trabajando el 80% del tiempo, con el objetivo de mantener el 100% de la productividad). Todo se logró y el estrés se redujo un 19%. Según cita el sitio Xataka, los participantes pasaron de dormir 6,6 horas por noche a 7 y la satisfacción con el tiempo para actividades personales creció un 44%.
Los resultados fueron tan satisfactorios que 10 de las 11 empresas decidieron continuar con la semana reducida al terminar la prueba. Los trabajadores más jóvenes son quienes cuestionan con más fuerza el modelo heredado. También ponen en alerta que el sistema es perfectible, más cuando llegan las notificaciones fuera de horario y la mensajería instantánea que perturba las horas de descanso de un día regular de trabajo, una de las situaciones por las que en Noruega quieren hacerle lugar a la semana laboral de cuatro días.