El Domingo de Resurrección no será una fecha más en el calendario vaticano. Esta Pascua representa el primer año consolidado del Papa León XIV, quien desde su elección el 8 de mayo de 2025 buscó posicionarse como un puente estratégico. Su gestión, definida por muchos como una "continuidad renovada", intenta equilibrar el impulso reformista de su antecesor Francisco con una nueva etapa de orden y reconciliación global.
El estilo agustino: prudencia y catequesis
A diferencia del estilo marcadamente personalista de Jorge Bergoglio, la gestión de Prevost se distingue por la prevalencia del diálogo y la participación institucional. León XIV optó por un lenguaje más catequético y clásico; su tono es pausado y busca transmitir seguridad a través de la prudencia, evitando aquellos anuncios "sorpresa" que solían desconectar a los sectores más conservadores durante el pontificado anterior.
“Francisco era un hombre con mayores decisiones, con mayor firmeza, un hombre mucho más extrovertido”, comienza describiendo el Padre Pepe Abuin, quien define a León como un Pontífice más introspectivo. Tras haber tenido la oportunidad de saludarlo personalmente en Roma el año pasado, Abuin recuerda: “Vi que era un hombre que escuchaba más que hablaba, pero noté una mirada muy profunda y serena que me llamó la atención”.
Este sello se hizo evidente a principios de este año en el consistorio extraordinario. Allí, Prevost se dedicó a escuchar a los cardenales en lugar de impartir directivas unilaterales, aplicando la máxima agustina de buscar la unidad a través de la comunión interna. Concibe a la Iglesia como "sinodal": una comunidad que camina junta.
Una paz "desarmada" frente a la violencia
Desde su primer saludo en el balcón de la Basílica de San Pedro, León XIV estableció la paz como el eje gravitacional de su mandato. Sin embargo, su enfoque introduce un matiz filosófico diferenciado. Mientras Francisco denunciaba la "Tercera Guerra Mundial en pedazos" con el foco en las consecuencias humanitarias, Prevost propone la "paz desarmada y desarmante".
En sus discursos más recientes, lamentó que la guerra "haya vuelto a estar de moda", refiriéndose específicamente al conflicto en Ucrania y las tensiones en Medio Oriente. Para el Papa, la paz no es un “papel firmado”, sino un derecho humano fundamental, y posicionó a la Iglesia como un mediador en los conflictos más que como una voz de denuncia.
Al respecto, el Padre Pepe analiza que el núcleo del conflicto actual trasciende lo militar: “No es un problema de la guerra, sino un problema de la humanidad: hay determinado tipo de autoridades que no conciben la vida si no es a través de la guerra”. Según el sacerdote, el gran drama actual es no haber aprendido la lección de las grandes guerras del siglo XX, ya que “los que gobiernan quieren imponer determinado tipo de orden mundial de acuerdo a sus criterios o a sus intereses”.
De la misma manera en que Bergoglio llamó a la juventud a “hacer lío”, León XIV los exhortó a ser "artesanos de la paz", promoviendo una cultura que rechace el odio en redes sociales y en la vida cotidiana como la semilla de las guerras futuras.
De las periferias al corazón de Roma
La biografía del Papa -hijo de migrantes en Chicago y misionero en las periferias de Perú- define su visión geopolítica. “Los dos tienen un perfil latinoamericano”, comenta Abuin, trazando un paralelo con Francisco. “Provienen de una Iglesia muy comprometida con el pueblo y en lo social, con rasgos propios de la Conferencia Episcopal Latinoamericana”.
León fue tajante al denunciar la fragmentación social y las condiciones laborales indignas, conectando su experiencia personal con la crisis migratoria global y la necesidad de una diplomacia multilateral que proteja a los más vulnerables, quienes, según denuncia, siempre "pagan el precio de las decisiones tomadas en despachos alejados a los lugares de conflicto".
Este compromiso se verá reflejado en una imagen que pasará a la historia este fin de semana: por primera vez, un Papa cargará personalmente con la cruz a lo largo de las 14 estaciones del Vía Crucis en el Coliseo. Para Abuin, se trata de un gesto de profunda carga simbólica: “El mensaje es ponerse como ejemplo de cómo todo cristiano debe llevar la cruz. No es que se quiera exponer o salir en la foto”, opina el padre, resaltando la autenticidad del acto.
La celebración culminará el domingo a las 12, cuando el Pontífice se asome al balcón central de la Basílica de San Pedro para impartir su bendición Urbi et Orbi de Pascua, sellando así un primer año con un tono de serenidad institucional y mediación internacional.