De la Revolución Industrial a la IA: León XIV sacudió al poder con su primera encíclica "Magnifica Humanitas"

  • El papa León XIV presentó hoy su primera encíclica 'Magnifica Humanitas' para alertar sobre la deshumanización tecnológica y proponer una regulación global de la IA.
  • Remitiendo a la encíclica de León XIII de hace 135 años, el Papa asimiló la exclusión digital a la esclavitud histórica y criticó el libertarismo y la concentración de datos.
  • La encíclica exige control público de datos, límites al libre mercado y reformas fiscales, redefiniendo el rol de la Iglesia frente al avance de la tecnocracia digital.

El papa León XIV El papa León XIV
Hace 1 Hs

Ni en Washington ni en Buenos Aires la lectura será cómoda. León XIV presentó hoy "Magnifica Humanitas", un documento programático que, bajo la excusa de regular la Inteligencia Artificial (IA), lanzó una enmienda a la totalidad del orden global actual. 135 años después de que León XIII analizara los estragos de la Revolución Industrial en la "Rerum Novarum", su sucesor retoma el nombre y el pulso histórico para advertir que el mundo se enfrenta a una nueva "Babel digital".

El Pontífice no se limitó a la ética tecnológica. En un gesto de audacia histórica, la encíclica incluyó una disculpa explícita por la legitimación que la Santa Sede otorgó a la esclavitud en siglos pasados, al vincular aquel horror con las nuevas formas de "descarte humano".

Según León XIV, la IA no es neutra, sino que refleja el rostro de quien la financia. "La humanidad está cayendo en una cultura violenta del poder", denuncia el texto, que carga contra la "normalización de la guerra" y la sustitución del derecho internacional por la ley del más fuerte. 

Sin mencionar nombres, el dardo hacia el aislacionismo de Donald Trump y el libertarismo de mercado es nítido: el Papa reafirma que la propiedad privada -incluyendo ahora algoritmos y patentes- está supeditada al "destino universal de los bienes". En un mundo robótico, advierte, la "mano invisible del mercado" ya no basta para proteger a los más frágiles.

Sobre la justicia social

Al reflexionar sobre la justicia social -muchas veces definida como “un robo” por el presidente Javier Milei-, el documento recordó que para la comunidad cristiana “es una forma concreta de seguimiento de Jesús y de fidelidad a su Evangelio”.

“El Magisterio reciente ha insistido en el hecho de que la justicia social exige una mirada cuyo punto de partida sean los últimos. San Juan Pablo II habló de una opción preferencial por los pobres que debe marcar las decisiones personales y sociales, mientras el Papa Francisco denunció una cultura del ‘descarte’ que provoca cada vez más formas nuevas de exclusión”, evocó. 

“En esta perspectiva, la justicia social exige mirar a las personas y a los pueblos comenzando por los que son más vulnerables: los pobres, los migrantes, los refugiados, los desplazados internos, las víctimas de la violencia, las personas que viven en periferias urbanas o existenciales”, agregó.

“En este tiempo -dijo el Papa-, la justicia social debe confrontarse también con el ambiente creado por las tecnologías digitales. La difusión de redes globales, plataformas y sistemas de IA cambia el modo de informarse, de comunicar y de acceder a los servicios. La justicia exige que se impida el surgimiento de nuevas formas de exclusión y privación de la libertad: personas y pueblos a los que se les niega o dificulta el acceso a las tecnologías básicas, comunidades expuestas a vigilancia invasiva y grupos sociales perjudicados por algoritmos opacos que reproducen prejuicios y discriminaciones”, advirtió. 

“Un orden social justo en la era digital es aquel que garantiza a todos un acceso igualitario a las oportunidades protege a los más pequeños y a los más frágiles, se opone al odio y a la desinformación, y somete a control público el uso de los datos y de las tecnologías, de modo que el criterio no sea sólo el beneficio sino la dignidad de cada persona y el bien de los pueblos”, resaltó.

En otro capítulo, el Papa planteó que las innovaciones tecnológicas pueden convertirse en un acelerador del paradigma tecnocrático y, por eso, “necesitan de un nuevo marco espiritual, ético y político”. Allí cuestiona el poder acumulado por las grandes compañías tecnológicas y advierte sobre la concentración de datos e infraestructuras digitales en pocas manos.

Además habló de la creciente importancia de las finanzas, de su innovación con las criptomonedas y constató que, si bien la riqueza ha crecido en términos absolutos, “su concentración en pocas manos ha aumentado y los desequilibrios se han acentuado, tanto entre países como dentro de un mismo país: pocos tienen demasiado y demasiados tienen poco”, lamentó.

“No cabe duda de que se necesitan leyes justas e instrumentos de redistribución que corrijan los desequilibrios, incluso mediante sistemas fiscales que alivien la carga sobre los más débiles y exijan más a quienes disponen de mayores recursos. En la era de la IA y de la robótica, ya no es posible confiar únicamente en la ‘mano invisible’ del mercado”, remarcó.

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