El método de ahorro Hui surgió en comunidades chinas y vietnamitas hace cientos de años. Se trata de un sistema colectivo para guardar dinero que también se conoce como rosca. Es una práctica financiera milenaria que se hace en grupos y permite a sus miembros acceder a capital sin depender de instituciones bancarias tradicionales. Eso sí: requiere un componente fundamental de confianza entre los participantes.
Finanzas personales en el celular: apps para ahorrar, controlar y dividir gastos del mesEl mecanismo Hui se activa cuando un grupo acuerda hacer aportes periódicos a un fondo común. En cada ciclo, esos fondos serán entregados a un participante diferente hasta llegar a todos. Se debe elegir a un organizador para coordinar los turnos. Un participante se queda al inicio con el dinero del primer ciclo. El resto de los participantes pujará ofreciendo más dinero para recibir la suma total en el siguiente turno.
La dinámica apunta a una especie de interés implícito que pagan los primeros en cobrar. Quienes reciben los fondos al final, en cambio, reciben un beneficio mayor al finalizar el ciclo porque los ahorros incrementan. El dinero de la puja se suma al fondo común.
Ventajas del sistema de ahorro colectivo Hui
Acceso inmediato al capital. Permite obtener sumas importantes de dinero para inversiones o emergencias sin los requisitos burocráticos y formales que pauta un banco.Intereses competitivos. Los participantes que reciben el fondo de las etapas finales obtienen rendimientos superiores a los de una cuenta de ahorro convencional si así lo disponen al acordar el monto que se destinará.Fortalecimiento comunitario. Fomenta la disciplina financiera y estrecha los lazos de confianza y solidaridad entre familiares, amigos o vecinos.Riesgos del método de ahorro Hui
Al ser un sistema de ahorro basado en la confianza, compromiso y responsabilidad de los participantes, el método Hui carece de garantías legales o seguros que protejan el capital ya invertido. Si uno de los miembros desaparece después de recibir su dinero o si el organizador gestiona de forma fraudulenta los fondos, los demás no tienen formas jurídicas de reclamar.
La presión social ejercida para mantener el flujo de pagos puede derivar en situaciones de estrés financiero para quienes estén ante condiciones económicas arriesgadas. La falta de uno de los participantes también puede tener consecuencias, no solo financieras, sino interpersonales para quienes se hayan involucrado.