Todo empezó con una pregunta mínima: por qué los metegoles no tienen posavasos. Esa curiosidad, que parecía un detalle, abrió un camino inesperado. Juan Martín Uncal y Brian Gines Margenet pasaron de armar un prototipo de cartón en la mesa de su casa a crear un producto propio que hoy ya llegó a manos de un campeón del mundo y busca escalar fuera del país.
El emprendimiento, bajo la marca Capocannoniere, proyecta facturar U$S200.000 en 2026 y sumar nuevos mercados en la región.
Un diseño que cambia el juego
Ninguno de los dos venía del mundo del diseño o la fabricación. Se conocieron en el sector financiero y compartían algo más simple: la pasión por el fútbol y el metegol.
El desarrollo llevó dos años y una inversión cercana a los U$S18.000. En ese proceso, aprendieron desde cero, tomaron cursos y trabajaron con especialistas para transformar ideas en piezas concretas.
El resultado es un metegol con diferencias claras. La cancha tiene césped sintético, la estructura combina madera y chapa, y el cambio clave está en el movimiento: los jugadores también pueden desplazarse en diagonal.
Esa modificación altera la dinámica del juego y le suma más control a quien defiende. A eso se suman detalles como los posavasos y una estética cuidada, con terminaciones artesanales.
De hobby a negocio
Durante mucho tiempo, el proyecto fue un espacio de prueba entre amigos. Sin embargo, el interés del entorno empezó a marcar otro rumbo. Las consultas crecieron y la idea de vender dejó de ser lejana.
El punto de inflexión llegó a fines de 2025, cuando el producto ya estaba definido. Uncal dejó su trabajo para dedicarse de lleno al emprendimiento, mientras Margenet se mantiene en el sector financiero, con la mira puesta en dar el mismo paso.
Hoy producen entre 15 y 20 unidades por mes, con un esquema que combina procesos industriales y armado artesanal. Según explican, el modelo permite escalar la producción sin un techo claro.
Personalización y salto al exterior
Una de las claves del proyecto es la personalización. Cada metegol puede adaptarse al cliente: desde el diseño del campo hasta los jugadores, que se imprimen en 3D y pueden replicar rostros o equipos.
Ese diferencial abrió nuevas oportunidades. Además de clientes particulares, comenzaron a trabajar con marcas que buscan experiencias distintas para sus acciones.
En paralelo, avanzan en la expansión internacional. Colombia aparece como primer destino, mientras exploran contactos en Brasil, México y Estados Unidos.
El impulso de Di María y el objetivo Messi
La entrega de un metegol a Ángel Di María marcó un antes y un después. El modelo incluía un detalle especial: los nombres de los campeones del mundo de 2022 y una figura destacada del propio jugador.
La repercusión en redes disparó las consultas y le dio visibilidad al proyecto.
Con ese antecedente, el próximo objetivo es claro: llegar a Lionel Messi. La idea ya está en marcha. Falta el contacto.
Una idea simple que encontró su escala
El recorrido todavía está en construcción, pero la lógica se mantiene: detectar algo que podía ser distinto y sostenerlo en el tiempo.
En un mercado donde todo parece inventado, dos amigos apostaron por reinventar un clásico. Y ahora buscan que ese juego, que empezó en una casa, también se juegue afuera.