María Inés Salvatierra, abogada previsional - minessalva@gmail.com
Durante muchos años, el modelo previsional estuvo basado en una idea simple: trabajar durante la vida activa y, al momento del retiro, vivir de la jubilación. Hoy, esa realidad ha cambiado. El sistema previsional argentino —como ocurre en gran parte del mundo— garantiza un ingreso en la etapa pasiva, pero no asegura mantener el nivel de vida que se tenía durante la actividad laboral. Y frente a una expectativa de vida cada vez mayor, la pregunta ya no es solo cuándo nos vamos a jubilar… sino cómo vamos a sostenernos durante tantos años.
Más años, más planificación
Las personas viven más tiempo que antes, lo cual representa, sin dudas, un logro social. Pero también implica un desafío: financiar una etapa pasiva que puede extenderse durante 20, 25 o incluso 30 años luego de la jubilación. En este contexto, depender exclusivamente de la jubilación pública ya no resulta suficiente.
Hoy el retiro debe ser pensado como una estructura de ingresos múltiples. No se trata de reemplazar la jubilación, sino de complementarla. En la práctica, un retiro sólido puede estar conformado por distintos canales: la jubilación del sistema previsional; un seguro de retiro a mediano/largo plazo; seguro de vida con componente de capitalización; inversiones o ahorros personales; ingresos provenientes de emprendimientos o participación en empresas; rentas (como alquileres, para quienes tienen esa posibilidad).
La clave no está solo en diversificar, sino en empezar a construir esos ingresos mientras estamos en la etapa activa y, cuanto antes comencemos será mejor, ya que el tiempo será un gran aliado. En este sentido, hay herramientas especialmente diseñadas para ese objetivo:
° El seguro de retiro permite formar un capital a lo largo del tiempo, mediante aportes periódicos los que generan rendimientos y que luego se transforma en un ingreso complementario en la etapa pasiva.
° El seguro de vida con capitalización, por su parte, no solo protege a la familia ante la ausencia y al trabajador ante enfermedades graves, sino que también permite generar un ahorro que puede ser utilizado en el futuro.
Ambas herramientas tienen una ventaja fundamental: permiten construir previsión de manera ordenada y sostenida, sin depender exclusivamente de decisiones puntuales o del contexto económico.
Anticiparse es la clave
La diferencia entre quienes logran sostener su calidad de vida en la jubilación y quienes no, suele estar en un factor determinante: el momento en el que comenzaron a planificar. Cuanto antes se empiece, más herramientas existen, más flexibilidad hay y menor es el esfuerzo necesario. Por el contrario, cuando la planificación comienza cerca de la edad jubilatoria, las opciones se reducen significativamente.
Un cambio de mentalidad
Este nuevo escenario exige también un cambio de mirada. Ya no alcanza con “aportar y esperar”, es necesario asumir un rol activo en la construcción del propio futuro. Planificar el retiro no es una preocupación de los últimos años de la vida laboral, sino una decisión que debería comenzar mucho antes.
El gran desafío de esta época no es solo vivir más años, sino vivirlos con autonomía, tranquilidad y estabilidad económica. Y para eso, la jubilación debe dejar de ser el único sostén para convertirse en una parte de un sistema más amplio de ingresos.