Durante años, la inteligencia artificial fue presentada como el próximo gran salto tecnológico. Pero en universidades de Estados Unidos empezó a pasar algo inesperado: los estudiantes ya no reaccionan con aplausos. Ahora aparecen los abucheos.

La escena se repitió esta semana en la Universidad de Arizona, cuando el ex CEO de Google, Eric Schmidt, habló frente a graduados sobre el impacto de la IA en el futuro. Mientras explicaba que esta tecnología cambiará “cada profesión, cada aula y cada relación”, parte del auditorio respondió con rechazo.

Un informe de Gallup de abril mostró que un número creciente de la Generación Z, aquellos nacidos entre 1997 y 2012, está ansioso o enojado por la IA, mientras que quienes dicen estar esperanzados o entusiasmados por ella cayeron drásticamente en comparación con un año antes.

La preocupación tiene relación directa con el mercado laboral. En los últimos meses, varias empresas anunciaron despidos vinculados a procesos de automatización e incorporación de IA. El banco Standard Chartered confirmó que recortará miles de puestos, mientras gigantes tecnológicos como Meta y Amazon avanzan con reestructuraciones internas apoyadas en inteligencia artificial.

Rechazo ante la IA, incluso como herramienta

Para muchos jóvenes, el problema dejó de ser una discusión futurista. La sensación de que la IA puede modificar carreras, profesiones y oportunidades laborales aparece justo cuando miles de estudiantes ingresan al mercado de trabajo.

El contraste llama la atención porque la Generación Z fue la primera en crecer completamente rodeada de tecnología. Sin embargo, convivir con redes sociales, algoritmos y automatización no necesariamente generó más confianza. En muchos casos produjo lo contrario: cansancio, desconfianza y temor frente a un escenario laboral cada vez más inestable.

El rechazo también empezó a verse en otros sectores. Guionistas de Hollywood, sindicatos industriales y trabajadores tecnológicos ya cuestionaron públicamente el avance de herramientas de inteligencia artificial sobre tareas humanas.

Aun así, referentes del sector tecnológico sostienen que el proceso es inevitable y que adaptarse será parte del nuevo escenario global. El problema es que buena parte de los jóvenes siente que esa adaptación llega acompañada de incertidumbre, presión y menos garantías de estabilidad.

Mientras la IA sigue expandiéndose a velocidad récord, la reacción de muchos estudiantes parece marcar un cambio de clima: la fascinación inicial empieza a convivir con una pregunta mucho más incómoda sobre qué lugar quedará para las personas en el futuro del trabajo.