La semilla es una parte fundamental cuando se planifica una siembra. Los productores deben tener bien en claro y ser conscientes de lo que significa el beneficio de la calidad y la sanidad de lo que se está sembrando, dijo el decano de la Facultad de Agronomía y Zootecnia de la UNT, José García.
Cuando se planifica una siembra u otra plantación, un aspecto importante es seleccionar una buena "simiente". El potencial de rendimiento se manifiesta en función de lo que se paga y de todo un trabajo de investigación que va representado en una semilla. "Hacer semilla no fiscalizada y que no sea de la calidad y sanidad que corresponde, son riesgos que se corren como empresa. Además, se corre el riesgo de transferir plagas por utilizar una semilla que no cumple los parámetros que aseguran calidad y sanidad", observó.
Actualmente, uno de los parámetros que más se analiza en los campos o en cualquier actividad agroproductiva es el "costo beneficio", y este es el que determina si el productor puede potenciar sus rendimientos con el uso de la semilla que corresponde. "Si el productor no elige como corresponde o usa cualquier semilla, sin verificas calidad y sanidad, los riesgos son muy grandes", advirtió García.
Debemos ser conscientes de pagar lo que corresponde y los beneficios, no solo valen por el rendimiento sino también porque el pago de esa semilla vuelve a las empresas e instituciones de obtención de semillas, para seguir trabajando en lograr mejores variedades, explicó.
Por último, García sugirió que "se debe trabajar en una buena labor de extensión, para que los productores entiendan que los beneficios siempre vuelven al sector. El productor debe entender que usar semilla de semilla no genera ni da los mismos resultados de rendimientos si se usa la semilla (híbrido o cultivar) original".