"Hay una percepción generalizada de que las pérdidas por paloma son muy importantes. Esto no es lo que se midió desde el INTA con los muestreos diseñados científicamente, que dan por resultado que si bien la proporción de capítulos dañados puede llegar al 20% o 30%, las pérdidas en producción de los cultivos no superan en la mayoría de los campos el 2% y unos pocos entre 5% y 8%", explicó María Elena Zaccagnini.

En los últimos cuatro años, la paloma tuvo un crecimiento exponencial debido a la expansión de la superficie agrícola, la presencia de montes cercanos a los cultivos -lugar perfecto para que la población de palomas se reproduzca- y la disponibilidad de alimento y agua. "Mientras la paloma tenga alimento tendrá los recursos para seguir creciendo", señaló la experta.

Por su parte, Sonia Canavelli, especialista en ecología y conservación de vida silvestre del INTA Paraná, remarcó que "el manejo de los daños ocasionados por aves en cultivos u otras producciones extensivas presenta un desafío particular, pues no existe una única medida de control que ofrezca resultados inmediatos, eficiente en términos económicos y con bajo impacto ambiental".

Como medida de control, desde la institución se evalúan repelentes como parte de un plan de manejo, no sólo a escala del lote sino con respecto a escala de paisaje. Asimismo, en el ámbito productivo se deben tomar acciones para que las poblaciones de palomas no sigan creciendo. Además, es crucial incorporar el manejo del daño por aves dentro del esquema general de manejo del cultivo, incluso antes de que el cultivo esté implantado, y no esperar a tener las aves en el lote para analizar qué medidas tomar.